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Mes: julio 2008

Todos los caminos torcidos llevan a algun lado. Hegel, Haiti, Beatriz, Horacio y Cristina. Y nuestra deuda colectiva con Guillermo Federico.

Un opúsculo excepcional

Me enteré de la existencia del opúsculo (Hegel y Haiti. La dialéctica amo-esclavos: una interpretación revolucionaria) por alguna referencia en los diarios, y porque en algún momento se lo vi a Alberto Azubel, omnívoro que se lee un libro por día o cada dos, con algunas referencias mas que interesantes.

Pero me olvidé completamente del asunto. No sé como no me llamó la atención la autora (aunque de ella he visto o recorrido páginas imborrables de Los orígenes de la dialéctica negativa: Theodor W Adorno, Walter Benjamin y la Teoría Critica de la Escuela de Frankfurt (1977), La dialéctica de la Visión: Walter Benjamin y el proyecto Arcadas (1989) y Sueño y Catástrofe. El abandono de las Utopías de Masas en el Este y en el Oeste (2000)).

Los bárbaros de Google. Educando con sentido a la generación Einstein Segunda Parte

La fiesta del saqueo

Los bárbaros saquean todo y saquean de todo, saquean a todos. Nada los amilana. Nada los desconcierta. Y cada uno de los saqueados reacciona como mejor puede. A veces en términos conciliatorios, otra veces con dudas y resistencias mas evidentes. Pero de todas las aldeas a saquear hay una que nos duele hasta el tuétano y que estamos dispuestos a defender con un ahinco y con una fuerza como ninguna otra.

Se trata de nuestra aldea mas cara, del mundo de los libros y de los grafemas, del mundo de la cultura letrada y del mundo sobre el papel (Olson). Porque si hay algo en que todo el mundo (defensores y detractores, amantes o repudiadores) está de acuerdo, es que nunca como hoy la ciudadela de los libros se ha visto tan afectada, para mal, como este mundo vandalizado.

Hay dos medidas en la que los críticos y nostálgicos basan toda su argumentación y todo su desconcierto. ¿O acaso nos escuchamos a diario la cantinela que proclama que…?

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Museística profesionalizada

Se puede despotricar indefinidamente en contra de los Museos. Para los amantes de lo nuevo y de lo actual, de lo high-tech y el wifi, de los gadgets y la adrenalina que despierta la tecnología, los Museos serían aparentemente las antípodas de la emoción y la sorpresa. Un espacio adocenado y detenido en el tiempo, que nos serviría para reconciliarnos con pasadas glorias, para soñar futuros que finalmente no se realizarán y, en definitiva, para hacer un culto del pasado porque las semillas futuro que contiene este presente dejan mas que desear.

Por supuesto que hay museos y museos, y que además de tamaño, recursos, temáticas e intenciones las últimas décadas han visto emerger una museística profesional (especialmente ilustrada por esa regia colección de libros de la editorial Trea), que han convertido a los Museos en un entorno muy sofisticado, que en vez de mostrar trastos viejos y reliquias de dudoso origen y escaso valor de inteligibilidad, han llevado a a los museos a ser espacios de gozo, de disfrute, de aprendizaje y sobretodo de apertura a otros tiempos, modos de ver y de sentir, convirtiéndolos de este modo en una máquina del tiempo, que en algún caso asemeja al cine, pero que en otros lo supera enormemente.

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De un orden cognitivo a otro

Hace un par de de décadas, sino mas, que estamos viendo disolverse un orden cognitivo y emerger pari passu otro. Las raíces están en los 60 y en los 70 como décadas prodigiosas que fueron. Las combinatorias y la ruleta evolutiva (y en este caso histórica) jugaron lo suyo. No son pensables disrupciones mentales sin disrupciones sociales, no hace falta sentir de nuevo si ya lo estábamos haciendo antes intensamente.

Pero siempre faltaba algo para que no se notara el hilo de la costura cuando de pensar esta dinámica hipercompleja entre cultura/tecnología se trata. Porque no conseguimos proyectar una mirada estereoscópica y sobretodo anamórfica sobre una realidad que solo puede verse en esas extrañas dimensiones recurriendo a una pulsión conceptual que en general brilla por su ausencia.