¿Otro loco de los Museos?
Siempre me gustaron los museos, aunque muchas veces deploré las versiones exageradamente minimalistas y hasta casi paupérrimas que caracterizan a los nuestros.
Mas de una vez fuí al Museo de la Plata, y también en un par de ocasiones fui al Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia en Parque Centenario, incluso en una variante extravagante una noche, cuando las huestes multimediales de la Universidad Maimónides lo convirtieron en una plataforma de experimentación, combinando el supuesto poder exploardor de las nuevas tencologías utilizando la dimensión histórica del Museo como pantalla, aunque bien podría haber sido al revés.
Hay excepciones a la pobreza museística local y en un lugar destacado esta el Museo Paleontológico Egidio Feruglio en Trelew, que me deslumbró en el 2000 y que revisitado en el 2008 seguia preservando su encanto y calidad de entonces.


Rosario -y en especial la Fundación Libertad- se han convertido en mi laboratorio de ideas y acciones. Y no tanto porque lo haya planificado, sino porque el lugar (maravilloso frente al río), el formato (dos clases de 4 horas cada una), el auditorio (pequeño y mas que atento con nunca mas de 15 a 20 personas), y el especial clima que mágicamente se genera en estos encuentros, así lo certifican.
Hace ya mas de 10 años que Pine y Gillmore mostraron que el camino de los minoristas pasaba por la customización de masa. Como todo pronóstico, ese debería ser relativizado a la luz de una experiencia atípica cual es la de la marca Apple que en estos días acaba de ser bendecida por Fortune como la compañia minorista con el branding mas alto de USA.
