Skip to content

Bruno Latour, etnografista

Bruno Latour (foto) nació en 1946. Tiene una agregación en filosofía y estudió antropología en Costa de Marfil. Su primer libro fue La vida de los laboratorios. La construcción de los hechos científicos (con Steve Woolgar) (1979 recién traducido al castellano por Alianza Editorial en 1996) donde se describe el funcionamiento cotidiano del laboratorio Jonas Salk en La Jolla, California usando el método etnográfico.

Posteriormente analizó las relaciones entre la revolución de Pasteur y la sociedad francesa del siglo XIX (Les Microbes Guerre et paix, 1984). Investigó asimismo las múltiples conexiones existentes entre la sociología, la historia y la economía de las técnicas (La science en action, Poche, 1987, traducida al castellano por Labor ). Un estudio de caso acerca de un subterráneo automático Aramis ou lamour des techniques (1992), le ha permitido resumir las investigaciones hechas a lo largo de muchos años acerca de la dinámica de la innovaciones y la filosofía de las técnicas subyacente –buena crítica en inglés a cargo de Richard Verdyard .

Está sumamente interesado por los temas de gestión y de organización de la investigación que lo han llevado a hacer muchos trabajos en empresas. También publicó trabajos antropológicos decisivos como Nous n´avons jamais été modernes-essai d´anthropologie symétrique,(1993) (convertido hoy en un clásico y traducido a 16 idiomas) y ensayos sobre cultura científica como Petites lecons de sociologie des sciences.

Una de sus grandes contribuciones ha sido París ville invisible, un análisis sociológico basado en estudios fotográficos de la infraestructura de la ciudad; y Politiques de la nature-comment faire entrer les sciences en démocratie que sintetiza sus principales aportes a la filosofía del medioambiente

En septiembre del 2002 apareció Dire le droit una obra suya sobre la etnografía del Consejo de Estado. Entre sus última obras publicadas están La esperanza de Pandora. Ensayos sobre la realidad de los estudios de la ciencia (traducida al castellano por Gedisa, 2001) (breve comentario crítico). Mucho mas detallado análisis (en ingles) de Felix Stalder Beyond constructivism: towards a realistic realism. A review of Bruno Latour’s Pandora’s Hope. Así como Reensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red (2005) (traducida pro Manantial en el 2008) y Las atmósferas de la política. Diálogo sobre la democracia (con Pasquale Gagliardi y otros, 2006)

Enseña hace mas de 20 años en las escuelas de ingeniería, primero en el CNAM y después en la Escuela de Minas donde trabaja en el famoso y fantástico Centro de la sociología de la innovación donde lo visité en 1992 camino a una reunión en Ganz, Austria.

Es profesor del curso “Controversias científicas”. También es profesor de tiempo parcial en la London School of Economics y en el departamento de Historia de las Ciencias de Harvard. Se desempeñó hace un tiempo como comisario de la exposición Iconoclash.

Hay numerosos articulos suyos disponibles en la web;asi como articulos de divulgación; también disponemos de su curadoría de la expo Iconoclash.

Aquí tenemos una interesante entrevista que le hizo T. Hugh Crawford del Virginia Military Institute An Interview with Bruno Latour

Otra entrevista reciente “There is no information, only transformation”
An Interview with Bruno Latour By Geert Lovink and Pit Schultz Hybrid Workspace, Documenta X, Kassel August 16, 1997

A continuación un breve paseo por su fascinante obra Paris, Ciudad Invisible.

Hace un tiempo que parece siglos el Ente Nacional Regulador de Energía (ENRE) le puso una multa de 60 millones a Edesur. Se llegó a hablar de caducidad de la concesión. Defensa civil y el ejército entregaron centenares de miles de litros de agua. Buenos Aires, como mas de una vez imaginó Charly García, había sido mas que bombardeada, desbombeada.

Tiempo mas tarde no se trató de los imaginarios vuelos de cazas ingleses contra nuestra villa del Plata en medio de una guerra absurda, como fue la de Malvinas, sino de un bombardeo hecho por fuego amigo. Por torpeza o calculo mal avenido Edesur voló la provisión de energía de casi 160.000 personas y convirtió a la ciudad en un caos en los días mas calurosos del verano.

Pero mas que hacer política e ideología, lo que hizo mal Edesur al probar las nuevas conexiones, lo que revela el precario by-pass que utilizó para subsanar su increíble error, y lo que mostraron las dificultades por volver a restablecer el servicio, es la otra escena de la ciudad.

Mucha macroeconomía y demasiado discurso, muchas candidaturas y viajes al exterior, muchos mercados globalizados y promesas, pero lo que hace pulsar a la ciudad, lo que permite que la vida exista en estos niveles de altísima volatilidad (cuando hay tanta gente junta en tan poco espacio) son conexiones como las de Edesur, y las de Enargas, las de Telecom y las de Aguas Argentinas.

Mucho concepto si pero que solo es posible sobre la base de esa infraestructura material que esa mala conexión (el famoso “quiebre” de Fernando Flores) sacó al desnudo, puso de manifiesto y se revela ser como el abc del lazo social. Si las tuberías explotan, (como paso en Guadalajara hace algunos años, o como ocurrente durante cualquier terremoto o en una guerra) la ciudad se resquebraja y el caos está cercano a tomar el control.

Cuando en el 2000 estuve por enésima vez en París aparecí, como suelo hacerlo, en el subte de la Place St Michel. Ese lugar es el epicentro de mis escaramuzas en la ciudad luz porque allí me sentí a mis anchas como nunca cuando, teniendo apenas 19 años, me afinqué por un largo, doloroso pero creativo año en Europa.

Volver a Paris 30 años después de ese momento me despertó muchos recuerdos pero sobretodo me dio la dimensión de lo que es la temporalidad europea (para que hablar de la del Medio Oriente) en donde 30 años no son absolutamente nada y en donde los boulevards, los quai, les bouquinistes, el jardín de Luxemburgo, el carrefour de l’Odeon son impasibles al paso del tiempo, tan auténticos y nuevos (o viejos y eternos) en ese momento como los había visto décadas atrás y como los volví a ver en este Primer Milenio.

Mapas de, y guías de ciudades los hay por miles. La mayoría aburridos y convencionales. Libros de fotos y de lugares claves que ayudan a definir la ciudad también existen por miríadas cuando se trata de estas ciudades faro.

También hay historias de lugares y de sitios, libros que comparan las esquinas de antes y las de ahora, y reconstrucciones de todo tipo que pretenden, infructuosasmente, dar testimonio de esa ebullición permanente que es una de las ciudades eternas en la mira de Occidente.

Pero hay intrépidos, y gente que piensa y se anima con los conceptos mas insólitos y que de pronto, cuando ya nadie lo esperaba o intuía, se despachan con una lectura de la ciudad que rompe con todos los moldes y reabre nuestra esperanza de ver las cosas con ojos renovados.

Y no me estoy refiriendo esta vez a los maravillosos libros de Rick Smolan 24 horas en la vida de .. que tanto hemos alabado en otras oportunidades. Al revés lo que voy a alabar hoy es una especie de Anti-Smolan.

Porque mientras Smolan es pura imagen e iconografía, el libro de marras es imagen rara e inesperada si, pero sobretodo texto detallista, intimista, lento, moroso.

Porque mientras las obras de Smolan trasuntan un esteticismo rayano en el vacío, cierta fascinación por la imagen publicitaria que a veces bordea la pornografía (al descontextualizar tanto a la ciudad como al país), el tour de force de Bruno Latour & Emille Hermman en Paris ville invisible (La Decouverte, 1998) va en una dirección muy distinta.

Son apenas 160 páginas, eso si en un formato gigante (20 cm. x 40 cm.). Que deliberadamente evita las superficies. Aquí no vamos a encontrar reproducciones de las miradas de los pintores o de los artistas. Aquí lo que se pone en evidencia es la otra escena de una ciudad (la misma que dejó al descubierto el caos de Edesur en esos días porteños).

Lo que se trabaja página a página en tres secuencias (1. Caminar, 2. Dimensionar, 3. Distribuir, Secuencia de conclusión: Permitir) y trece figuras: Dominar, alinear, perder y ganar, ver/circular, diseñar estandarizar, institutir, etc., es recordar (lo que siempre se olvida hasta que la ciudad entra en colapso) a los miles de ingenieros, técnicos, funcionarios, habitantes y comerciantes que hacen posible a la ciudad.

El libro testimonia una imposibilidad. Mediante el texto y la imagen entrar allí donde nadie sabe que se juega la cara oculta del ser-ciudad, revelando al mismo tiempo porque es imposible abrazar a la ciudad de una sola mirada, a vuelo de pájaro, como un todo, y quedarse tranquilos y satisfechos.

Latour y sus fotógrafos se meten en esos nidos (servicio de aguas, Prefectura de policía, Panópticos desde donde se ve toda la ciudad) para mostrar las condiciones de posibilidad (no formales como en Kant sino materiales) de la ciudad.

Al mismo tiempo hay una preocupación constante y profunda que los lleva a revalorizar la importancia de los objetos cotidianos, el mobiliario urbano que permite que recorramos (haciéndola) a la ciudad sin perdernos en sus confines.

El libros se ocupa sobretodo de los inmensos problemas de escala que supone la coexistencia de esas manadas de seres humanos en estas superficies escasas y sobrepobladas (como bien lo mostraba ese numero de la revista Colors de Benetton con un caballo de carrera haciendo ejercicios en una terraza doméstica en Hong Kong -por falta de espacio precisamente).

Lo genial de la obra es algo de lo que los autores tienen plena conciencia. Este bello objeto, el libro ilustrado, es en rigor un tratado de sociología disfrazado. Su objeto es mostrar la virtualizacion de París a través de su reconstrucción modelizada. En este contexto esta obra no difiere demasiado de las Ciudades invisibles de Italo Calvino aunque en realidad tampoco se le parece en mucho.

Fotos insólitas y maravillosas. Pero también textos densos y sofisticados. Y sobretodo mucho uso de la infografía, de las computadoras y de la grafía digital convierten a esta obra en un modelo de los conceptos visuales que tanto reclama Edward Tufte y que apuntaban (en la frase tan feliz del lamentablemente desaparecido Abraham Moles) en dirección de un pensamiento de la superficie, abandonando por fin el pensamiento lineal que corresponde a la filosofía moderna, al discurso clásico, hijos todos de la pedagogía de la imprenta.

Esta nota fue publicada originalmente como editorial del Interlink Headline News nº 1484 bajo el título La ciudad invisible en un libro mas que visible. La otra escena en la mirada/palabra de Bruno Latour

.

Published inInfonomia