Saltar al contenido

Congresos de obituaristas. Expertos en contar la vida de los que recien se han ido

obituario.jpg

Asistir a congresos como una manera de ser

Cada año en el mundo tienen lugar probablemente centenares de miles de congresos. Cada vez mas nos cruzamos con mas gente ya sea en los aeropuertos o en los hoteles, por la calle y cerca de la Rural o el Predio Ferial en Buenos Ares, que porta bolsos, carteras y mochilas que llevan estampados el titulo del ultimo congreso al que ha asistido el feliz portador/a (o la novia o el amigo que gentilmente se la regalo).

A lo mejor el encuentro tuvo lugar hace 10 años, a lo mejor el formato es original y cómodo y merece que lo paseemos, aunque diga 9vo congreso de nefrologia y tortas fritas (el que me acaban de regalar en Túnez con motivo de la Cumbre Mundial de Sociedad de la Información Fase 2, que se convierte en mochila es fabuloso y me lo lleve en mi ultimo viaje al Norte), porque cumple su función aun mejor que la mochila Aamsonite con rueditas que duerme eternamente en mi placard). Otras veces es simplemente la presentación de un titulo, una profesión o un lugar que implícitamente algún status dará.

Mucho habría que decir de esas interminables reuniones y encuentros que mezclados con un turismo abusivo han convertido a estos encuentros anuales, bianuales -o cuando les- toque en una gigantesca calesita de movimientos por el mundo.

A veces las reuniones tienen cola como el escandalo que se armo hace pocos días en Hong Kong (de donde difícilmente los asistentes traigan bolsitos ad hoc, si es que alguna vez los dieron), en otras ocasiones se trata de un megaevento (en Túnez éramos 23.000) mas parecido a un encuentro de rock que a una conferencia de la Unesco.

Todavía quiero saber cuantas reuniones se hacen por aquí o en el mundo, a cuantos de los 750 millones de viajeros internacionales movilizan, cuantas ocurren al mismo tiempo aquí y alla, y a lo mejor alguna vez me enterare.

Congresos de cualquier cosa y aun mas

Pero tan interesante como la cantidad es la calidad, la variedad, la diversidad. Porque sabemos que hay congresos nacionales e internacionales de casi cualquier cosa. Desde áreas y disciplinas obvias y trilladas como la filosofía o la ingeniería, hasta especializadas e ignotas como la nanotecnologia o la neuroentomologia.

Lo increíble es cuando nos encontramos frente a especializaciones, hobbies o manías inclasificables, y que sin embargo (gracias en parte a la hiperconectividad generada por la red y al achicamiento pasmoso de los grados de separación que ésta hace posible) han permitido que algunos locos lindos (y a veces no tanto) de cualquier lado del mundo se junten y puedan armar sus propias reuniones, que a veces empiezan chicas y después se vuelven elefantiasicas.

En este tren de extravagantes que se juntan hay desde los personificadores de héroes de ficción (como los trekkies de Star Trek que tienen sus convenciones nacionales e internacionales) pero también otras gentes -como les gusta decir en México- que nos resultan realmente llamativas.

En mi anterior viaje a Mexico había detectado a una de estas sectas -devenidas convenciones- extravagantisimas cual son los pesebristas o belenistas, gente que colecciona pesebres, algún conocido tienen mas de 1.000 atesorados en condignas bodegas o salas de exhibición, y que no contentos con su afán coleccionista también se reúnen en convenciones internacionales (cada 4 años, la ultima tuvo lugar en la República Checa) donde presentan papers y textos acerca de la historia de los pesebres, su manufactura, sus variantes, la selección de orfebres, etc. l

Los españoles (fundada en 1963) por ejemplo ya van por el 43mo congreso anual. Y son miembros de la Universalis Foederatio Praesepistica (UN.FOE.PRAE) fundada en 1952 en Barcelona por las asociaciones nacionales de Austria, Alemania y España seguidas al año siguiente por la Associazione Italiana Amici del Presepio. La UN.FOE.PRAE cuenta ya con miembros de 13 países o comunidades lingüísticas, con sede en Italia Roma, en vía Tor de’ Conti n. 31/A,

De los pesebristas a los obituaristas y vuelta

Pues bien si eso ya era raro y curioso, en el yultimo viaje a Mexico me he encontrado con otra secta aun mucho mas curiosa e inesperada cual son los obituaristas, es decir los escritores, periodistas o narradores especializados en las biografías de los recién muertos.

Mientras también me enteré de que hace unos días tuvo lugar en la hermosa ciudad de Bath en el sur de Inglaterra la 7ma conferencia de Grandes escritores de obituarios en la cual se congregaron 50 de los obituaristas mas importantes del planeta durante 3 días a fin de hacer lo que hacemos todos los que vamos a este tipo de reuniones. A saber, revivir contactos y crear nuevas relaciones, compartir historias (incluso las nuevas que contaremos gracias a haber estado allí como bien dice Fontanarrosa en su último libro) y sobretodo, y esto es lo crucial -aunque rara vez selo logre- para discutir el estado del arte de la profesión, como mejorarla, como profesionalizarla y sobretodo como hacerla mas creíble y valiosa (por lo menos en este caso).

Si la primera reacción frente a este anoticiamiento puede ser de extrañeza y seguramente de desentendimiento (todas reacciones en parte disparadas por el frecuentamiento de los muertos, y encima aun fresquitos), las cosas que alli se discutieron y los enfoques que se plantearon pueden (sacados del ámbito de chismografía que es una de sus formas degradadas) resultar sumamente interesante y plantear unos cuantos nuevos problemas acerca de la memoria, la historia y la privacidad y el derecho a saber. Revelando por enésima ve que el atractivo esta en el observador y no en lo observado

Nuevos problemas acerca de la memoria, la historia y la privacidad y el derecho a saber

Tomemos por caso una de las discusiones que tuvieron lugar hace unos días en una mesa redonda denominada Closet Six Feet Under donde se discutieron algunos rasgos de los obituarios que rodearon la muerte de Susan Sontag.

Oficialmente muchos de los obituarios que se le dedicar geniales escritoras como Sontag fueron rematadas (aparte de los comentaris dedicados a alabar su obra, respetar su itinerario político/intelectual, y resaltar su compromiso con las causas de los marginales) en tres frases -que son canónicas cada vez que hay que hacer un obituario comprometedor-: no se caso nunca. Vivió con su compañera de toda la vida. La causa de su muerte fue una neumonía. Detrás de este lenguaje celoso y pristinamente codificado queda claramente la sospecha de que el/la mencionada eran lesbiana o gay.

Como bien escribió Charles Strum, el editor de obituarios de The New York Times «la verdad de una persona bien puede ser el secreto de la otra». Por lo que revelar el secreto puede causar confusión y dolor a parientes, allegados y sobretodo a la historia del occiso.

Si una decisión debe inevitablemente tomar el obituarista (o su editor) ésta casi siempre esta vinculada con la sexualidad indecidible de los muy famosos (esas técnicas de aproximación indirecta se ven todos los días en las revistas del corazón como se trasluce en una reciente entrevista que le hicieron a Alejandro «Marley» Wiebe en la revista Gente hace unos días)

En ese sentido la cobertura de la muerte de Sontag (para mi todo esto es una gran sorpresa, que también merece mucha mas discusión acerca de como se construyen las autohistorias) disparo grandes olas a partir de su relación de toda la vida con la gran fotógrafa Annie Leibowitz.

¿Vicios privados, virtudes publicas o al vesre?

Algunos diarios dieron cuenta de esta cara oculta de la gran dama. Según los panelistas/obituaristas la gran cuestión no era tanto que decían ellos de Sontag una vez muerta, sino que dijo Sontag de si misma cuando estaba viva. Otro tema muy ligado a estas controversias es la causa de la muerte. En el caso del sida los eufemismos proliferaron (empezaron obviamente con el no reconocimiento de las primeras biografías oficiales de Foucault de haber sido fulminado por el flagelo)

Lo cierto es que existe una Asociación Internacional de Obituaristas y que en su 7a reunión anual celebrada en Bath asistieron participantes de Inglaterra, España, Alemania, Israel, Canadá y Australia y gran numero proveniente de USA. Los títulos discutidos fueron «El obituario como primer veredicto de la historia», «La afabilidad de la familia», «El obituario, noticia, obra de arte, formula».

Para la mayoría de los asistentes su gran desafío profesional es condensar grandes, prolíficas, tortuosas o magnánimas y variadas vidas en pocas palabras (otra que el executive summary para presentarle al Ministro de turno).

Fue Hugh Masingberg obituarista jubilado del London Telegraph el que recibió el premio anual de Bath entre otros méritos por haber sido el primero que incluyo en las biografías de los recién idos no solo los detalles triviales sino sus excentricidades y manierismos de todo tipo.

Para ver de que se trata podemos consultar algunos de los varios volúmenes editados de obituarios del caballero. Lo que se tradujo en una perla como esta al hacer el obituario de Lord Moynahan: «Proveyó a través de su carrera y carácter numerosas municiones para los críticos de los principios hereditarios. Sus principales ocupaciones fueron ser tocador de bongo, traidor de la confianza ajena, sostenedor de burdeles e informante de la policía«.

Aunque tradicionalmente la mayoría de los diarios ingleses hacían obituarios de la clase, alta, los exitosos y los infames, crecientemente (con esta democratización de la historia que estamos viendo desde los años 70) empiezan a proliferar asimismo obituarios de la GCU (gente como uno).

Expertos en obituarios de gente convencional.

Con esa facilidad que la contemporaneidad tiene para la especialización, ya existen expertos en obituarios de gente convencional. Es la tarea que ha asumido Jim Sheeler que escribe en The Denver Post y en Rocky Mountain News. Y también descolla Alan Baranick del Plain Dealer de Cleveland que últimamente gano otro premio al haber hecho obituarios de una mujer que coleccionaba conejos (vivos), un vendedor de zapatos enfermo y uan mujer de 93 años que vendía huevos en su casa.

Mas seriamente, aunque los obituaristas curiosamente (igual que los especialistas en pompas fúnebres) tienen un gran sentido del humor, Uri Dromi es el único obituarista israelí que escribe los obituarios de las víctimas del Holocausto que han vuelto a Israel, habiendo descubierto que los mejores informantes son en este caso no los hijos sino los nietos.

Revisando los mejores ejemplos disponibles de los obituarios se puede entender porque merecen congresos, cuan interesante debe ser asistir a los mismos, y porque la imaginación humana no conoce limite ni condicionamiento alguno. ¿Que nueva profesión descubriremos en los próximos días?

Publicado enGenealogías

Un comentario

  1. stella maris stella maris

    Lo encontré por casualidad, buscaba otra cosa y me super encantó, Bien escrito,increíble lo que se relata, joya total.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *