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Otro universo memético o de como lo cotidiano trivial nos come el coco

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¿Gestionar vs pensar la gestión?

Promediando su gestión el entonces Ministro de Educación de la Argentina Daniel Filmus sostenía que no veía el momento de dejar la función publica para poder volver a leer y estudiar. Como si el ejercicio de una función de gestión fuera incompatible con el análisis, la profundización y los detalles que supone la abstracción, la teoría, los casos y la experimentación, que llevan a cabo los Otros. Porque en eso coincido con él, la gestión nos come el coco, por justas razones.

Estemos de acuerdo o no con que los tiempos de la gestión y los tiempos del pensamiento de la gestión deben ser simultáneos o consecutivos, queda clarisimo que el contexto determina todo lo hacemos y pensamos, y que desviarnos de los ritmos y las secuencias cotidianas seguramente debe tener un alto impacto en lo que hacemos, pensamos decidimos.

Se trata de constataciones triviales pero que se confirman y reafirman cada vez que salimos e viaje, en cada visita a otro país, cuando recorremos nuevos ámbitos geográficos pero sobretodo mentales. Porue si la gestión y lo cotidiano nos comen el coco, la distancia, la diferencia, ver lo otro con los mismos ojos es el mejor pasaporte para, volviendo, ver lo mismo con otros ojos.

Cambiar de geografía es cambiar de canal, es decir activar otras neuronas espejo

El cambio de costumbre intelectual, al acicateo de memes y de creencias instaladas es mayúsculo cuando cambiamos de idioma y de cultura. Y se profundiza en ciertos ritos que en mi caso se traducen en la interminable visita a las librerías de terceros países, por mas Google y Amazon que digan poder sustituirlas, aunque ello ocurrirá tarde o temprano.

Pero mientras las librerías físicas sigan existiendo no hay mejor manera de salir del ensimismamiento mental al que nos constriñe nuestra lenguaje y nuestra cultura, que pasar horas por esas zonas de diferencia máxima, entreverándonos en esas publicaciones siempre renovadas y provocativas y de pronto hacer el salto y entrar en otro universo de pensamiento y de acción.

Puedo asegurarles sin chauvinismo alguno, que ello jamás me pasa al recorrer las librerías porteñas. La producción ensayistica local es paupérrima. La mayoría de los pocos libros que llegan a interesarnos son traducciones, y el tipo de preocupaciones que cada día enceguece mas a los intelectuales nacionales, nos quita perspectivas y nos aleja de conversaciones que son las que anudan acá a distancia inifinita de la promoción de best-sellers y d elugares comuens como acaba de ocurrir en la 36a Feria del Libro de Buenos Aires.

Epicureísmo memético. De las neuronas espejo al poder del pull

En estas lides no hay placer semejante al de embocar de una cerca de una cincuentena de libros como hicimos este semana en el Barnes & Noble de Coral Gables, y encontrarnos con autores conocidos y con otros no tanto, con temas ya trasegados mil y un veces, y con alguna arista o novedad de una potencia -spinozista- inesperada.

Así, si bien ya hace varios años que compré uno de los primeros libros publicados sobre neuronas espejo en una traducción española, estoy fascinando con la lectura de Mirroring People The science of empathy and how we connect with others de Marco Iacoboni (New York, Picador 2010).

En esta obra las nociones que en otras anteriores aparecían como mas técnicas o conceptuales, se entretejen en narrativas personalizadas acerca de las andanzas del cuarteto de Parma (conformado por el investigador principal Giacomo Rizzolatti primero “descubridor” de las NE y de sus adláteres el neurofisiólogo Vittorio Gallese, miembro del club dei 27, gratamente influenciado por Maurice Merleau-Ponty complementados por Luciano Fadiga y Leo Fogassi) con detalles muy refinados que tienen tanta cola acerca del posible rol de las neuronas espejo en el origen de habla humana, que no podemos esperar a leerlo entero y a recombinarlo con otras preocupaciones y quehaceres de lo últimos años. Lo que seguramente llevará a darle una fundamentacion muy sofisticada al proyecto Rediseñar 2010. Y que tambien planea sobre los desarrollos truncos de neurofisiología fenomenológica de Francisco Varela amargamente despilfarrados con su muerte en el año 2001.

Otro tanto sucedió con la lectura inicial de The power of Pull. How small moves, smartly made, can set big things on motion, coescrito por autores que hace mucho tiempo que vengo siguiendo como John Hagel III y John Seeley Brown, y quienes con pinceladas certeras y tocando todos los temas que nos fascinan en el día a día, permiten a partir de la lectura de pocos capítulos avanzar mucho mas profunda y rápidamente en estos temas vitales, que en los diálogos esporádicos que tenemos localmente, enquistados en disputas ancestrales estériles.

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Si no nos perdemos antes, jamás nos encontraremos después

No se trata de buscar responsables o culpables de nuestra decadencia intelectual (es decir de nuestra endogamia memética), y si está acompañada de alguna decadencia moral no seré yo quien tire la primera piedra. Nadie puede desconocer que las universidades hace rato que están destruidas (y no simplemente como algunos creen por falta de dinero, liderazgo o visión política), nadie ignorar que no existen think or do tanks, que hace rato que el diálogo y la inteligencia colectiva no están afincadas ni en las universidades, pero lamentablemente tampoco en la cosa pública, y en nuestro caso ni siquiera en el ethos empresarial.

En los pocos dias que hemos pasado acá, y si bien no hemos buscado ni conseguido, conversaciones profesionales o intelectuales, queda claro que ninguna de nuestras preocupaciones cotidianas qua argentinos o quizás latinoamericanos (acerca del poder, la política, la oposición, el bicentenario, el futuro del país y quienes deberían llevar a buen puerto la eterna refundación argentina o en este caso norteamericana) ocupan en las conversaciones cotidianas locales un mínimo lugar.

No se trata de comparar ni de embalsamar, no es una cuestión de escala ni de tradición o historia, sino de algo mucho mas profundo y triste a la vez, La divisoria no pasa por las ciencias por un lado y las humanidades por el otro, aunque las incluye. Tampoco se trata de saber si el papel sobrevivirá a la batalla frente a lo digital o de si nosotros a lo mejor nos estemos salvando de la locura que envolvió a los locales por comprarse iPads a mansalva (quizás un sano antídoto ante preocupaciones mucho mas profundas que nos habitarían del lado simbólico antes que del material).

El cogitus interruptus nacional

No, lo que está ocurriendo es algo que veo repetirse desde siempre en mis cerca de 40 años de viajes internacionales, y que marcan ya una brecha insalvable. Mientras otras culturas y lenguajes (el mejor ejemplo en nuestro caso es Brasil obviamente), suman y cimientan, mientras diversas comunidades académicas -y no necesariamente las endogámicas camarillas universitarias que abundan en todos los países-, transgreden y apuestan, mientras divulgadores astutos (el mejor ejemplo aquí es Malcolm Gladwell, pero en la misma excelsa categoría podríamos poner a Steven Johnson, a Kevin Kelly, a Daniel Pink, a los hermanos Heath, a Howard Rheingold y a tantos otros), generan obras basadas en investigaciones serias que se mueren de bostezos en las revistas especializadas, pero que se revividas en estos apasionantes bestsellers generan ondas expansivas de interés y desafío memético, nuestras preocupaciones y derivas siempre se ahogan en quejidos y barruntos.

Gran parte de la producción ensayística y cultural nacional está dirigida a tratar de saber cuándo nos perdimos, quién nos reencontró o reencontrará, hasta qué punto estamos (o no) en la buena senda, todo adornado por un cotilleo infernal de políticos y medios, que en un ejercicio de travestismo cruzado, no hacen otra cosas que exponer públicamente nuestra incapacidad de crecer, y que se solazan en nuestro infantilismo eterno.

Por supuesto que por aquí también abunda la inadidad y la irrelevencia, lo trivial y lo comecoco mal, que esas recorridas a librerías destilan un 1% o 1 por mil de riqueza y provocación, que es lo que finalmente se hila entre nuestras neurona y desemboca a veces en criaturas como Nativos Digitales, 1 @1 o El proyecto Facebook. Tal vez demasiado poco en una ecuaci´n de costo/beneficio. ¿Pero quienes somos nosotros para tirar la primera piedra?

Escarbar para mejor sembrar, pero hacerlo de verdad no embaderándonos en una política de la enunciación permanente

Mas de uno retrucará que quien habla en esta editorial es machaconamente nuestra veleidad de clase media, embaucada por algún universalismo abstracto, e incapaz de ver que nuestra realidad es el terruño y sobretodo el pensamiento nacional (¿Y si esa critica se asienta en un ensayo como el Susan Buck-Morss sobre la revolución de los esclavos negros en Haití, en Hegel y Haiti, que bien pegaría en nuestra línea de flotación?). Como predicaban desde distintos lugares Juan José Hernandez Arregui y Arturo Jaureteche en los 60. Y mucho mas antropologicamente Rodolfo Kusch tan endiosado en los años 70. No desconocemos esa filiaciones pero no las vemos encarnadas hoy en ninguna política afín, sino en solo una que declama nacionalismo pero que opera en una longitud de onda autista y autocomplaciente.

Lo que finalmente es atrapado por nuestra voracidad de novedad y al mismo tiempo necesidad de intercambio (inexistente en el terruño), es una voluntad de construcción de diálogo, de multiplicación de perspectivas, y sobretodo de echar algún granito de racionalidad en lo que en nuestras latitudes es un absurdo permanente (sobre los limites del libre albedrío (anche político) Albert Lazlo-Barabasi acaba de publicar su impresionante libro Bursts. The hidden pattern behind everything we do, sobre el que volveremos muchas veces).

De la inconveniencia de que el absurdo se convierta en una estética política

Porque una cosa es solazarse en el Teatro del Absurdo (imperdible la síntesis hecha por Martín Eslin hace ya casi medio siglo en una obra con ese título) y tener nuestros momentos de encuentro con Ionesco, Artaud, Jarry y cia. Pero en la vida cotidiana cuando el arte se convierte en politica permanente, hay muy poco para ganar y casi todo para perder.

Es inconcebible que con las proyecciones para la producción politica que tiene la tesis de la neuronas espejo (y que es recapitulada en el mas reciente libro de Marco Iacoboni que acabamos de comprar) nadie -salvo quizás Sebastián Campanario excelso redactor de Clarín y autor de uno de los ensayos argentinos mas exquisitos de la ultima década cual fue Economía de lo insólito– esté atento y quiera escuchar, pero sobretodo aportar concomitantemente.

Iacobono al comienzo de su libro, insiste en que de ahora en mas escucharemos reiteradamente hablar de neuromarketing, de neuropolitica y de neuroeconomía. No es el caso nuestro en donde todos estos neuros se asocian mucho mas a neurosis y padecimiento y provocación, que a nuevas reglas de inteligibilidad y de construcción colectiva de bien común o general.

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