Tenía razón mil y una veces Gerald Holton cuando hablaba de los thematas (continuismo/discontinuismo, onda/corpúsculo, finito/infinito, etc) como de las macrometáforas que regulan el accionar del pensamiento desde tiempo inmemorial. Porque ese puñado de organizadores conceptuales antagónicos, que el historiador de la ciencia situaba como acuñadoras de las grandes revoluciones científicas, también vale para el caso del arte o de la politica, y sobretodo tiene plena vigencia en el campo de la vida cotidiana y de la economía política.
Oscilamos permanentemente entre extremos de un arco ideológico. Como si fuéramos pequeños Immanueles Kant redactando neustra Dialéctica Trascendental de las categorías, hay momentos en que creemos que el progreso es ilimitado e indefinido. Pero, al menor tropiezo o dislate nos corremos y cambiamos de columna, y sostenemos no menos entusiastamente (al revés) que el mundo se va al cadalso y al colapso en un santiamén.
Richard Sennett, en su libro Carne y piedra, establece que las personas se han acostumbrado a sentir a través de los medios y que esto ha provocado «un embotamiento, una monotonía y esterilidad táctil». El consumo continuo y elevado de emociones simuladas provoca el «desafilo» de la sensibilidad humana, el cuerpo se mueve pasivamente y casi sin participación en la ciudad moderna. El éxito de los medios sensacionalistas, su gran sentido de la venta de las noticias, los reallity shows que muestran las sensaciones de otros pero que el cuerpo sufre como propias, las novelas trágicas, el cuerpo de la mujer desvalorado y puesto en el papel de cuerpo hermoso, la sensibilidad barata y despensada de los talk shows, el cine espectacular, y tantas otras formas de consumo de sensaciones modernas provocan el entumecimiento del cuerpo sensible. El hombre de la urbe exige un organismo que viva el goce individual y lejano al otro.
Internet no empezó como solución a problemas militares sino como respuesta a demandas comunicacionales. En un mundo sin estándares ni protocolos compartidos, Babel iba a ser la norma y la ruina de todo esfuerzo de conectividad. El paso que sigue es la computación distribuida. Afectará todo, incluyendo a la educación. El desafío ahora es saber como sacarle el mejor jugo.
Gran parte de la teoría de la comunicación se basó en la noción de
Nuestra materia Procesamiento de Datos en la UBA, tiene sus héroes y sus entenados. Como toda organización que se precie. Trátese de una revista o de una empresa, de una organización sin fines de lucro o de una aventura sin fin.

Una cátedra universitaria no se reduce a una materia. Una materia no se reduce a un autor o a varios. Por mas que un cuatrimestre (o varios) sean dedicados a analizar los vericuetos de un pensador en particular. Aunque la mayoría de los profesores universitarios no lo entienden (y parece que no lo lograrán jamás a pesar del psicoanálisis y del estructuralismo, del post-modernismo y de la crítica literaria, del historicismo y de hermeneútica- y de las críticas a todas estas posturas a su vez) un autor no es una persona histórica de carne y hueso. Ni el mejor historiador logrará desentrañar que pensó, hizo, actuó o logró un hombre particular -ya sea del común o de la caterva de los famosos.