Hubo una época en que Apple tuvo una idea genial. Fue a fines de los años 80. Cuando decidió incluir en su modelos mas nuevos de computadora un software gratuito y maravilloso. Se trató de Hypercard un entorno de programación poderoso, pero a la vez tan simple, que lo usaron tanto profesionales como niños.
Desde su lanzamiento en 1987, HyperCard cuenta con un número importante de fieles seguidores, a pesar de que no aparecen actualizaciones desde hace unos cuantos años (la ultima versión disponible es 2.4.1.). Apple continúa vendiendo el software a 99 dólares, pero no lo actualiza desde 1998.
A mi hermano Fabián, la película
Hace muchos años el gran sociólogo francés Emile Durkehim acuñó una frase indeleble. Dios es la sociedad. Con ese martillazo hacía pedazos a una larga tradición de pensamiento, que había creído durante milenios que la sociedad había sido creado a imagen y semejanza de Dios y no a la inversa. ¿Se puede trasladar la afirmación a la economía? ¿La economía es la sociedad o la sociedad es la economía? ¿Hay leyes de la economía que regulan la sociedad (la política, la tecnología, la psicología, a lo que se nos ocurra), o es la inversa? ¿Es el conjunto detodos esos factores los que determinan a la economía? La respuesta supuestamente sagaz y esquiva es sostener que todo tiene que ver con todo. El problema es que nos gustaría saber mas que eso, mas exaxtamente qué tiene que ver con qué, en qué magnitudes y con qué peso.
Lo habíamos visto brevemente comentndo en una de la últimas revistas Wired que llegó a nuestras manos (curiosamente su precio local pasó de $14.50 a $34.00, lo que es un montón pero no lo cuadriplicó, señal de que antes estaban requeteinfladas). Se trataba de una referencia a un libro de un húngaro desconocido.
La UOC no es cualquiera cosa, se trata de una Universidad importante que tiene como uno de sus docentes privilegiados al gran Manuel Castells
Si se le puede hacer a las tecnologías de la computación e Internet una crítica irreversible, es que la mayoría de las veces antes que solucionarnos la vida nos la complican endiabladamente. En cualquier nivel de uso que imaginemos, la computadora exige que le prestemos suma atención, que nos acordemos de funciones o que ejerzamos habilidades laboriosamente construidas, sin ningún valor fuera del entorno computacional, y que al menor descuido o desuso son olvidadas y simplemente refuerzan nuestra condición de analfabetos tecnológicos.
Hace casi tres décadas
Hace muchos años nos ocupábamos del tema extensamente en versiones anteriores del programa de la materia de Procesamiento de Datos en la UBA– mostrando como Doug Lenat y su equipo en Cycorp estaban tratando de enseñarle a las computadoras a entender el mundo.