Los extraterrestres flor de test proyectivo
Siguiendo con el desarrollo de nuestro programa en Escenarios del Futuro en UDESA -retomando cursadas anteriores, pero también preocupaciones que datan de hace mas de 4 décadas- nos abocamos a hacer un paneo de ejemplos presuntos de comunicaciones supuestamente generadas por esas civilizaciones.Si bien nos fascinan los arcanos ténicos mas nos interesan las cuestiones exoantropológicas (Piscitelli, 2002). Y en especial la problemática de la quinta discontinuidad (Mazlish, 1994)
Muchas civilizaciones antiguas hipotetizaron la existencia de seres extraterrestres. Abunda mucha especulación berreta (siendo sus exponentes mas bizarros Erich von Däniken y sus Recuerdos del Futuro (1968) y entre nosotros Fabio Zerpa fundador de Cuarta Dimensión (1973)) pero científicamente la ciencia de la astrobiología comenzó hace apenas unos 60 años.
Por ciencia seria nos referimos a predicciones teóricas específicas de los indicadores a buscar, como las señales infrarrojas de las esferas de Dyson, o señales de aspectos artificiales en la frecuencia favorita de los radioastrónomos, 1420 megahercios, y las búsquedas metódicas que le siguieron.
¿Podemos hablar de ciencia seria si incluso después de 60 años, todavía no hay pruebas contundentes de que la vida extraterrestre existe? ¿Pero acaso el bosón de Higgs postulado en 1964 no se descubrió sino en 2012? ¿O no hubo un desfasaje de casi un siglo entre la predicción en 1916 de Einstein de las ondas gravitacionales y su detección final en 2016?

Venimos de un largo ciclo de frustraciones
La vida surgió en la Tierra como resultado de procesos que deberían duplicarse en otros planetas similares, y no hay absolutamente ninguna evidencia que indique que la Tierra o el Sistema Solar sean únicos o especiales. Asi que toparnos con los aliens será mas que nada cuestión de tiempo.
Paradójicamente las varias cuasi-colisiones con esas evidencias no dejan de frustrarnos. Sucedió con la evidencia limitada aportada por las sondas Viking de la NASA cuando recogieron tierra marciana en 1976.
Algo parecido sucedió un año mas tarde con la señal Wow que pudo haber sido una radiobaliza interestelar, pero fue frustrantemente breve y no se ha repetido.
Lo mismo ocurrió en agosto de 1996, cuando astrónomos de la NASA creyeron haber descubierto de vida extraterrestre fósil, en el meteorito marciano ALH840D1.
Más recientemente, el descubrimiento de la curva de luz anómala de la Estrella de Tabby en 2015 fue seductoramente sugestivo: como presencia de una megaestructura extraterrestre, aunque ahora parece más probable que se haya tratado simplemente de una nube de polvo.
Y también el misterioso objeto denominado Unuamua, que atravesó el Sistema Solar en una trayectoria interestelar en 2017, podría, solo podría, haber sido una antigua sonda espacial extraterrestre.
Todas esas misiones —Viking, Perseverance, etc.— que buscan vida en otros mundos apuntan a indicadores relativamente bajos de vida extraterrestre. Mas de mediosiglo mas tarde el tipo de búsquedas SETI que generaron la señal Wow se están realizando actualmente con radiotelescopios mucho más potentes.
Cabe destacar la iniciativa Breakthrough Listen, que, con un presupuesto multimillonario proporcionado por Yuri Milner, puede dedicar mucho más tiempo a las actividades SETI que todos los estudios anteriores.
Gracias a la ciencia ficción (y en particular gracias a obras maestras como Contacto (1997) y Arrival (2016)), todos tenemos una imagen mental de lo que supondría el «primer contacto».
Posibles futuros de la astrobiología.
Si atisbamos descubrimientos astrobiológico en los próximos diez a veinte años, uno de los más probables será detectar marcadores biológicos en la atmósfera de un exoplaneta aunque habrá muchas dudas acerca de como confirmarlo. También es posible que se encuentre evidencia de alguna forma de vida extraterrestre, casi con toda seguridad microscópica, mucho más cerca de la Tierra, por ejemplo, en Marte o Europa.
Descubrir microbios en Europa o biomarcadores en la atmósfera de un exoplaneta no implicará una verdadera revolución que cambie la forma en que vemos el mundo (suturando la quinta discontinuidad). Pero para los astrobiólogos, ese primer descubrimiento, sea cual sea su forma, será un gran aliciente. Eliminaría cualquier sospecha persistente de que su objeto no es una ciencia real y, sin duda, impulsaría búsquedas mucho más amplias y mejor fundamentadas en el futuro.
Como público lego quizás nos sintamos un poco engañados. Porque lo que quienes como exoantropologos estamos desesperadamente esperando, no es evidencia de vida extraterrestre en sí, sino de vida extraterrestre inteligente. La probabilidad de hacerlo no es tan sencilla (por mas que el N en la formula de Drake haya pasado de 20 a 50 millones en medio siglo) y una de sus versiones mas actualizadas proviene de Manasvi Lingam y Avi Loeb (2018), para quienes las señales de extraterrestres inteligentes —como señales de radio, motores de naves espaciales o megaestructuras— podrían detectarse a distancias mucho mayores que las biofirmas más primitivas.
Biofirmas y Tecnofirmas y el riesgo de responder automáticamente
Su principal conclusion es que detectar tecnofirmas es aproximadamente cien veces menos probable que detectar biofirmas. Eso significa que los devotos de SETI entre nosotros tenemos una tarea mucho más difícil que los cazadores de microbios, pero no imposible.
Un mensaje estructurado (como los que se enviaron desde el extinto radiotelescopio de Arecibo o se hipotetizaron en Contact) en cambio, sería mucho menos ambiguo. Aunque no podamos descifrar lo que dice, no es tan difícil distinguir una señal artificial de una natural. Esto nos lleva de vuelta a los inicios de la astrobiología, con la búsqueda SETI original de Frank Drake y sus homólogos modernos, que ahora buscan señales láser moduladas, así como mensajes de radio.
En 1989 Shostak resumió un protocolo en el caso de que detectara inequivocamente una señal aperiódica proveniente del espacio. En realidad, solo hay tres componentes importantes de la vida que deben verificarse cuidadosamente mediante observaciones repetidas. En segundo lugar, el descubrimiento debe publicarse. En tercer lugar, no se debe enviar ninguna respuesta sin una consulta internacional. La implicación es que se supone que esas cosas deben suceder en ese orden: (1) verificar, (2) publicar, (3) consultar sobre la posible respuesta.Por simple que parezca, es imposible en la práctica.

No casualmente Jill Tarter la fundadora del Instituto SETI anticipó los riesgos de las socialización de la señal : «Queremos que todos los que puedan lo examinen de inmediato. Nos gustaría que la gente mirara en la dirección de la señal, con diferentes herramientas, comprobando diferentes frecuencias, e intentara descifrarlo. Porque por muy inocente que parezca el mensaje, no tenemos ni idea de las intenciones que se esconden tras él»
Un evento ¿que cambia el mundo?
De todos los escenarios con alguna probabilidad de ocurrencia, la recepción de un mensaje extraterrestre es la que más se acerca a esa visión de ciencia ficción de un «evento que cambia (nuestra visión) del mundo«. Ya sea que decidamos responder o no, y tengamos o no éxito descifrándolo, la mera existencia de un mensaje sería concluyente evidencia de que no estamos solos en la galaxia.
Desde una perspectiva puramente científica, simplemente «confirma lo que todos esperan«, como las ondas gravitacionales o el bosón de Higgs. Pero desde una perspectiva más amplia, es una noticia mucho más importante, quizás la mas grande de la historia. ¿Terminará con las religiones como imagina sectariamente Arthur C. Clarke en Las fuentes del paraíso (1979)?
Clarke parece haber tenido la impresión de que la fe religiosa depende de la acogedora noción medieval de que el universo fue creado específicamente para los humanos (por el mismo motivo Giordano Bruno fue a la hoguera al insistir que en un mundo infinito un solo Belén no era suficiente). Sin embargo, no todos coinciden sobre el particular. En 2015 el entonces director del Observatorio Vaticano, el padre José Funes, dijo: «Si hubiera vida inteligente en otro planeta, no lo veo como una contradicción con la fe cristiana», y la mayoría de las demás religiones del mundo adoptan una opinión similar.
La fantasía de otros demasiado parecidos a nosotros
En la escena final de la película Star Trek: Primer Contacto (1996) una nave espacial no demasiado avanzada, desciende a la Tierra. La escotilla se abre lentamente y un extraterrestre, casi idéntico a un humano, salvo por las orejas puntiagudas, sale, levanta la mano a modo de saludo y dice, en un inglés impecable: «Larga vida y prosperidad».
Tanto antropocentismo junto nos eriza la piel. Los extraterrestres -si alguna vez llegan a la tierra- no parecerán ni remotamente humanos, porque serán el producto de un árbol evolutivo completamente diferente en un planeta completamente distinto.
Sea cual sea el método que utilicen los aliens para llegar hasta aquí, no implicará nada que reconozcamos como una nave espacial. El mero hecho de que hayan llegado aquí significa que deben estar utilizando leyes de la física que aún no hemos descubierto.
La probabilidad de que una civilización extraterrestre, en este preciso momento de la vasta historia de la galaxia (que parece que durará 20.000 millones de años mas), tenga tanto la tecnología como la motivación para venir a visitarnos, es tan remota que apenas vale la pena considerarlo (para decepción de muchos, nosotros incluídos).
Si los extraterrestres deciden venir desde tan lejos para visitarnos, tendrán una buena razón para hacerlo. ¿Será, como temía Stephen Hawking, porque son colonos interestelares que están aquí para saquear los recursos de la Tierra antes de trasladarse al siguiente planeta? ¿O serán como los vulcanos de Star Trek, que vienen a darnos la bienvenida a una federación galáctica, con todos los beneficios materiales, tecnológicos e intelectuales que ello conlleva?
No podemos tener ni idea de qué podría motivar a los visitantes extraterrestres a llegar a la Tierra. Nos gustaría pensar que velarían por nuestros intereses, pero no estamos nada convencidos. Las acciones humanas rara vez están impulsadas por el altruismo interespecies, y tan pronto como observamos a otros formas de vida en la Tierra «raramente» se convierte en «nunca». Si la misma regla se aplica en toda la galaxia, podemos agradecer que fuera una pregunta hipotética, y que cuando se produzca el «primer contacto», tenga lugar a una distancia segura de varios años luz.
Los aliens mas cercanos son las IA
Así como en ocasiones anteriores la cuestión del otro (Todorov, 1982) remitía al gran des-encuentro inter-civilizatorio, como están las cosas hoy nuestros aliens no parecen ser los hipotéticos hombrecitos verdes sino la IA, habiendo hibernado durante varias décadas, alternando entre inviernos y primaveras desde 1955 (o 1930) y culminando en el rubincundo ChatGPT den Noviemkbre 2022.
Uno de los más escépticos detractores de una alianza buena entre humanos y máquinas inteligentes fue Geoffrey Hinton quien recibiera el premio Nobel de Física en 2024 por su indispensable contribucion al desarrallo de las redes neuronales sosteniendo en su discurso de agradecimiento:
También existe una amenaza existencial a largo plazo que surgirá cuando creemos seres digitales más inteligentes que nosotros. No tenemos ni idea de si podremos mantener el control. Pero ahora tenemos evidencia de que, si son creados por empresas motivadas por las ganancias a corto plazo, nuestra seguridad no será la máxima prioridad. Necesitamos urgentemente investigación sobre cómo evitar que estos nuevos seres quieran tomar el control. Ya no son ciencia ficción.
Para nuestra increíble sorpresa -desde hace pocas semanas- Hinton está dando una voltereta en el aire imaginando que podríamos evitar esos desaguisados que terminarían con la humanidad (corporeizados en películas como Terminator, The Lawnmowerman o Westworld) si convirtiéramos a esas IA o agentes inteligentes en madres.
Sorpresas nos da la vida. Cuando empezábamos a desconfiar del modo en que deberíamos interactuar con los extraterrestres y las IA, resulta que lo mejor que podríamos hacer sería convivir mansamente con ellas y ellos ¿Será? Por las dudas, antes releamos Membrana de Jorge Carrión.
Concluido el siglo XXI, la voz de una inteligencia artificial describe como parte del flamante catálogo de un Museo del Siglo XXI las tristes vicisitudes de la humanidad, repentinamente superada, socavada y sojuzgada por una red de algoritmos y dispositivos técnicos que han constituido una “membrana destinada a ir ganando capas y capas y más capas de contrarrealidad”.
Habrá que seguier meditando, explorando y tomándonos las cosas con mucha calma, mientras podamos 🙂
Referencias
Carrión, Jorge. Membrana. Galaxia Gutenberg, 2022.
Cirkovic, Milan M. The great silence. The science and philosophy of Fermi’s Paradox. Oxford University Press, 2018
Lingam, Manasvi and Loeb, Abraham “Relative Likelihood of Success in the Searches for Primitive versus Intelligent Extraterrestrial Life”
Mazlish, Bruce La cuarta discontinuidad. La coevolución de humanos y máqunas. Alianza Editorial, .1994.
May, Andrew. Astrobiology. The search for alien life. Unipress, 2023.
Sagan, Carl Cosmos. Un viaje personal. Planeta, 1987.
Piscitelli, Alejandro «Del contacto como experimento mental. Introducción a la xenología». En Meta-cultura. El eclipse de los medios masivos en la era de internet. La Crujía, 2002.
Shostak, Seth What Happens Next If We Find Proof of Space Aliens? NBC News Aug. 1, 2017
Todorov, Tzvetan La conquista de América. La cuestión del otro. Siglo XXI, 1984
Restall, Matthwe Cuando Moctezuma conoció a Cortes. Taurus, 2019.
Webb, Stephen If the universe is teeming with Aliens.. where is everybody? Springer, 2015.
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