
Yo estaba en los primeros años del secundario. Cursando pachorro en The Florida School una coqueta y tranquila escuela de Florida en el Partido de Vicente López. Era una mañana otoñal y el director o la profesora de literatura -vaya a saber quien fue- nos dijo que vendrían unos promotores de Eudeba a enseñarnos unos libros muy baratos y unas colecciones que podríamos comprar por monedas.

La idea es simpática, no se si será acertada o defendible cientificamente, aunque tampoco pongo las manos en el fuego por la ciencia tout court. La formuló el profesor en Neurolingüística Josef Grodzinsky alojado indistintamente en la McGill University y también en la Universidad Autónoma de Barcelona. Según él cada idioma ocupa un lugar diferente en el cerebro, y también las preguntas y las respuestas se crean en áreas distintas.
Como bien decía Ambrose Bierce en su inmejorable Diccionario del Diablo la erudición es el polvo que cae de un libro viejo a un cerebro vacío. O en todo caso esa es la imagen desdeñosa y populista de una erudición mal entendida.



