Si se le puede hacer a las tecnologías de la computación e Internet una crítica irreversible, es que la mayoría de las veces antes que solucionarnos la vida nos la complican endiabladamente. En cualquier nivel de uso que imaginemos, la computadora exige que le prestemos suma atención, que nos acordemos de funciones o que ejerzamos habilidades laboriosamente construidas, sin ningún valor fuera del entorno computacional, y que al menor descuido o desuso son olvidadas y simplemente refuerzan nuestra condición de analfabetos tecnológicos.
Por eso cualquier medida que ayude a simplificar nuestra comercio con la información, pero sobretodo, que realmente aumente nuestra productividad intelectual es mas que bienvenida.
Hace casi tres décadas
Hace muchos años nos ocupábamos del tema extensamente en versiones anteriores del programa de la materia de Procesamiento de Datos en la UBA– mostrando como Doug Lenat y su equipo en Cycorp estaban tratando de enseñarle a las computadoras a entender el mundo.
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Durante mucho tiempo creímos que las únicas máquinas de generar conocimiento eran la poderosa lógica deductiva, y las no menos convicentes herramientas inductivas. Curiosamente con lo importante que son ambas, difícilmente cualquiera de ellas pudiera dar cuenta de la novedad, de la innovación y de la generación de diferencias. Entra aquí a tallar una nueva forma de operar con las ideas que fuera denominada por el filósofo norteamericano
El domingo 25 de Febrero de 1996 murió Eggers Lans. Demasiado joven para un filósofo, demasiado viejo para alguien que tuvo que convivir con las barrabasadas que este país comete a diario. Todavía me acuerdo de los primeros garabatos que Eggers hizo en el pizarrón en 1968 cuando Filosofía y Letras había emigrado de su cuna en la mítica manzana creativa de Viamonte y San Martín (adonde todavía ahora está el rectorado), a un repelente ex-convento en Independencia y Urquiza, en una afeada zona de Buenos Aires.