Hace rato que vemos como se infiltran y molestan. Con lo mucho que los queremos, los yahoogroups vienen cada vez mas atiborrados de horrorosos y gigantescos mensajes (por ahora al pie del mail). Lo mismo pasa con los sitios supuestamente gratuitos como Baquia.com, en donde mas de dos tercios de la pantalla están ocupados por anuncios horripilantes y berretas.
Hace años que Lawrence Lessig -foto a la derecha- nos está previniendo lo que se viene en este terreno -que alguna vez fue de los comunes- donde algún día (como el dólar 1 a 1 en la Argentina) creímos que habría algo barato, o gratuito, y diseñado espontáneamente para el consumidor, o lo que fuera. Pero no, esa era genial, e infantil, se ha terminado y cada vez mas tenemos que pagar no solo por el aire que respiramos, sino que además algunos vivos e inescrupulosos nos quieren cobrar retroactivamente (como buscan las empresas privatizadas argentinas que el gobierno les de dólares 1 a 1 para pagar su deuda multimillonaria, mientras nosotros los tenemos que pagar a 3, seguro de cambio retroactivo -otro invento argentino que le dicen). Esta nota, que está muy ligada a la evolución de Internet, y por lo tanto atraviesa el eje de las preocupaciones de la cátedra de los últimos cuatrimestres, fue publicada originalmente en nuestro diario electrónico el Interlink Headline News del viernes 12 de abril de 2002.

¿A quien pagarían ustedes por ver…..? ¿Por ver actuar, bailar, jugar, hablar, escuchar, mirar? Lo que fuera. Cada destinatario de nuestro deseo tendrá su ranking, y aunque sea oblando con porteños (porque los patacones y los lecop ya son una moneda vieja vieja) mas de uno juntaría sus monedas para ver desfilar delante de los ojos y los otros sentidos a alguna figura emblemática de un panteón no tan personal (después de todo nuestros gustos son demasiados sociales, y cuando se habla de nichos resulta que miles o decenas de otros miles usurpan nuestro supuesto único lugar).
Aristóteles decía que
Según Freud (para desesperación de sus críticas feministas) la anatomía es destino. Con tanta reingeniería, piercing, tattoo,