
Desde siempre me fascinaron las enciclopedias, las sistematizaciones, los catálogos. Pero mas que los objetos que ocupaban diligentemente esos reservorios, lo que me interesó mucho mas aun fue la pauta que los conectaba, el modo de articularlos y enlazarlos, el descubrimiento de que tiene qué ver con qué.
En un momento de enorme inestabilidad conceptual y de confusión práctica. Donde hace ya rato que las cosas sólidas se han desvanecido en el aire, cuando monstruos aparentemente intocables como las Torres Gemelas colapsan en minutos, parece que tenemos que revisar todo y volver a dar. Y que en el medio nos cambiarán la cartas y hasta las reglas de jugarlas. Y no una sino mil veces. Y hasta quierenq ue nos algeremos por ello.

Una cátedra universitaria no se reduce a una materia. Una materia no se reduce a un autor o a varios. Por mas que un cuatrimestre (o varios) sean dedicados a analizar los vericuetos de un pensador en particular. Aunque la mayoría de los profesores universitarios no lo entienden (y parece que no lo lograrán jamás a pesar del psicoanálisis y del estructuralismo, del post-modernismo y de la crítica literaria, del historicismo y de hermeneútica- y de las críticas a todas estas posturas a su vez) un autor no es una persona histórica de carne y hueso. Ni el mejor historiador logrará desentrañar que pensó, hizo, actuó o logró un hombre particular -ya sea del común o de la caterva de los famosos.
Hubo una época en que Apple tuvo una idea genial. Fue a fines de los años 80. Cuando decidió incluir en su modelos mas nuevos de computadora un software gratuito y maravilloso. Se trató de Hypercard un entorno de programación poderoso, pero a la vez tan simple, que lo usaron tanto profesionales como niños.
A mi hermano Fabián, la película
Hace muchos años el gran sociólogo francés Emile Durkehim acuñó una frase indeleble. Dios es la sociedad. Con ese martillazo hacía pedazos a una larga tradición de pensamiento, que había creído durante milenios que la sociedad había sido creado a imagen y semejanza de Dios y no a la inversa. ¿Se puede trasladar la afirmación a la economía? ¿La economía es la sociedad o la sociedad es la economía? ¿Hay leyes de la economía que regulan la sociedad (la política, la tecnología, la psicología, a lo que se nos ocurra), o es la inversa? ¿Es el conjunto detodos esos factores los que determinan a la economía? La respuesta supuestamente sagaz y esquiva es sostener que todo tiene que ver con todo. El problema es que nos gustaría saber mas que eso, mas exaxtamente qué tiene que ver con qué, en qué magnitudes y con qué peso.
Lo habíamos visto brevemente comentndo en una de la últimas revistas Wired que llegó a nuestras manos (curiosamente su precio local pasó de $14.50 a $34.00, lo que es un montón pero no lo cuadriplicó, señal de que antes estaban requeteinfladas). Se trataba de una referencia a un libro de un húngaro desconocido.
La UOC no es cualquiera cosa, se trata de una Universidad importante que tiene como uno de sus docentes privilegiados al gran Manuel Castells
Si se le puede hacer a las tecnologías de la computación e Internet una crítica irreversible, es que la mayoría de las veces antes que solucionarnos la vida nos la complican endiabladamente. En cualquier nivel de uso que imaginemos, la computadora exige que le prestemos suma atención, que nos acordemos de funciones o que ejerzamos habilidades laboriosamente construidas, sin ningún valor fuera del entorno computacional, y que al menor descuido o desuso son olvidadas y simplemente refuerzan nuestra condición de analfabetos tecnológicos.