Cuando en ese famoso coloquio para el cargo de adjunto de Filosofía de la Ciencia amañada para/por el licenciado Gaeta, el jurado me inquirió acerca de mi labor, se molestaron mucho por mi pedigree impuro. ¿Qué tenía que ver la Teoría General de los Sistemas con la filosofía? ¿Qué contubernios cabía establecer entre la cibernética y la metafísica? ¿Porqué la filosofía de la ciencia no estaba bien representada en mis escritos?
Aunque lo presentía entonces, cada vez estoy mas convencido de que filosofía no es lo que la academia dictamina y los jurados sancionan. Que si bien la filosofía no puede ni debe reducirse a las papillas pergeñadas por Jaime Barylko o Julian Marías, tampoco tiene que permanecer encerrada entre revistas y aulas, entre la reproducción del saber y la ocupaciÚn de cargos departamentales.
Tal como estaba previsto el jueves 23 de Mayo tuvo lugar mi segunda y última intervención en el
La
El encuentro entre una cabeza que piensa y que produce, y otra que está puesta a su disposición para que la primera piense y produzca es del orden del milagro. Casi como el enamoramiento. Después de todo aprender, descubrir, entender no son cosas que sucedan a diario.
En el mundo antiguo la memoria estaba concebida como una parte de la retórica, es decir, del arte de persuadir a los otros. Lo que en estas notas sobre realidad virtual venimos resaltando de las artes de la memoria es su carácter espacial, pero sin olvidarnos de que se trata de dispositivos para convencer/nos. Hacernos creible un espacio habitable, un cuerpo habitando, es decir de hacernos un «lugar». Si la «realidad» es una construcción a partir de información sensorial que nos sitúa en un lugar, la «realidad virtual» es un conjunto de construcciones originadas en informacion digital destinadas a ampliar la apercepción de