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Lecturas de viaje y las convulsiones estremecedoras de la lucha entre la pantalla y el papel

Los interrogantes significativos para germinar necesitan de semillas potentes

Vivir en la Argentina al final dle mundo, obliga a que los viajes hacia el norte lleven de medio día a día entero cuando hay conexiones o destino menos usuales que alcanzar. Esa peculiaridad abre la posibilidad para lecturas muy variadas (combinadas a veces con algo de escritura), y sobretodo en los tiempos de espera y descanso cierta tranquilidad y distancia asociadas a la lejanía que permite sumergirse en autores y temas que rara vez trasegamos en casa.

Las visitas a las librerías muy densamente pobladas como las sucursales de La Casa del Libro, las recomendaciones de amigos y conocidos, los tweets que nos azuzan diariamente, y ahora las recomendaciones algorítmicas de revistas como Zite van alimentando nuestras búsquedas y sobretodo afinan nuestra capacidad de hacernos preguntas que es la debilidad mas palmaria de la educación actual.

Porque la discusión no pasa tanto por si Google nos hace mas o menos estúpidos de lo que ya éramos (leit-motivo de la obra reciente de Nicholas Carr justamente titulada Superficiales), sino mas bien de como orientarnos en la construcción de interrogantes significativos, que por ahora mayoritariamente están atesorados en libros de mediano y largo aliento y sobretodo en revistas (hechas por verdaderos connoisseurs), en polémicas (cada vez menos frecuentes) donde los interlocutores están en cierto plano de igualdad intelectual y moral y que hunden sus raíces en varios siglos de tradición letrada e iluminista.

En un mundo en donde sobran respuestas, lo que necesitamos son algunas preguntas, no cualquier pregunta, preguntas que combinen actualidad científica (que estén basadas en el merodeo experimental), pero que al mismo tiempo rebasen el funcionalismo a través de la creación de contextos ligados a la convivialidad. Y si bien no hay mucha sobras que cumplan con estos requisitos (un excelente contraejemplo es La democracia del conocimiento: Por una sociedad inteligente de Daniel Innerarity. todav’ia mas infrecuente es encontrar estas guías en blogs, Facebook o Twitter.

Los libros como savia nutricia de los interrogantes significativos

Evidentemente no hay nada en contra de los weblogs o las redes sociales, las redes de amigos en Google + o los grupos de profesionales afines en Linkedin (ya que nosotros mismos somos usuarios fanáticos de estas plataformas), que impida que en su seno las interacciones generen este tipo de interrogantes significativos, y de hecho ocasionalmente ello ocurre, pero curiosamente el balizado de una problemático, la recuperación de una pregunta histórica significativa, el descubrimiento de un área de reflexión/acción llamativa, y los detalles que configuran en su entresijo brochazos de cuestiones y temas poco agitados en las conversaciones cotidianas siguen estando en los libros.

Y como no nos alcanza con decir «por algo será«, y porque nos interesa una vez mas tanto alabar los libros como señalar sus limitaciones, como cada día descubrimos nuevas herramientas digitales que permiten recorridos y orquestaciones de lecturas insólitas (como esta pasando con www.findings.com, que permite exportar los highlghts de las lecturs en Kindle), necesitamos nuevas herramientas para reconstruir esas cajas negras llamadas libros, hacerles ingeniería inversa para descubrir como operan cuando de generar esos interrogantes significativos se trata, y eventualmente empezar a construir otros dispositivos que puedan tener en el futuro cercano el mismo poder de encantamiento e iluminación, pero siguiendo otros caminos y formatos, que los libros que vibraron durante la era del Préntesis de Gutenberg.

¿Porque los autores esculpidos en piedra tienen todavia tanto para decirnos?

En numerosas presentaciones hechas ultimamente (emblematizadas por Autores que se bajan de la piedra que hice en una reunion de trabajo de la editorial Pearson), mostré la imagen de mas arriba (The modern Bookprinting en la Bebel Platz en la avenida Unter der Linden en Berlín) mas que llamativa.

Si los autores que viven dentro del Paréntesis de Gutenberg se caracterizan por presentar sus ideas en la piedra (de la tinta), qué mejor metafora para ilustrar el poder de ese pigmento, que exteriorizarlo en una escultura con estas características monumentales.

Si cada libro es en en si un monumento (y ahora también los digitales como muestran desde Gregory Ulmer en Electronic Monuments hasta los Tweets almacenados en la Biblioteca del Congreso) ¿porqué no construir un monumento de todos los monumentos, y mostrar entonces que ni las lluvias ni las inclemencias del tiempo pueden erosionar el canon occidental, o en este caso el canon alemán al trasmutarlo en piedra?

Curiosamente mientras ironizaba acerca de esta voluntad de convertir al texto en piedra, pasaba por alto el hecho auspicioso de que muchas de estas catedrales de las ideas (o meme encapsulados) son mas que valiosas cuando de lo que se trata es de hacernos preguntas.

Porque muchas veces mucho mas interesante que las conclusiones a las que llega el autor lo que queda de manifiesto (y en este sentido cuanto tenemos aun que aprender de la Arqueología del Saber de Michel Foucault que en un lustro cumplirá ya su medio siglo de redactada), es la capacidad que tiene de generar una campo, de abrir un espacio para hacer nuevas distinciones, de poner de manifiesto alguna conjunción de datos y hechos, pero que sin la capacidad reveladora de sus hipótesis y de su recreación de la pauta que conecta, habrían quedado totalmente ocultas e invisibles.

Pesando ideas y cumulando miles de páginas

El arquetipo del libro voluminoso es el best-seller. Sagas de mayor o menor valor literario y epistemologico (porque el espectro va desde la trilogia de Stieg Larsson hasta los 7 volúmenes dela heptología de Harry Potter, desde las densas reflexiones de Tolkien hasta los infinitos pergeños de Clancy, Dan Brown, paulo Coelho, Richard Bach, Ken Follett) se cruzan entonces con otras obras que sobrepasan los centenares 500 paginas para generar universos de sentido que en parte adquieren su visibilidad a traves de su voluminosidad.

Pero a mi me interesan particularmente los ensayos y la divulgación científica, así que aquí no hablare de la ficción ni de sus modelos emblemáticos de lujo de larguísimo aliento como pueden ser algunas de las mencionadas mas arriba, o A la búsqueda del tiempo perdido, o las 137 novelas (de las cuales solo compuso 87) de la Comedia Humana de Honore de Balzac , o V de Thomas Pynchon, y mas recientemente entre nosotros las 1300 páginas de Los Soria de Alberto Laiseca y cosas por el estilo).

En este sentido lo que me llamó mucho la atención estos últimos meses era como iba floreciendo en mi biblioteca (de papel) libros elefantiásicoss que sobrepasan largamente las 200/250 paginas que es el estándar en estos menesteres. (Y nada mas literal que una insólita Biblia de la cultura como es.. con casi 2.000 paginas)

Por eso hace poco tomé esta foto, dejando de lado algunas otros textos que recuperaré en una nueva foto, donde quedan de manifiesto que al menos en los ultimo meses he adquirido casi una decena de obras monumentales, y que cada una con su especificidad adquiere su valor relevante al haber utilizado esa norme cantidad de paginas para crear nuevos mundos de sentido -ficílmente encapsulables en las mininarrativas digitales.

De Años de Vértigo a Y la fiesta continuó

si bien en particular hubo una obra cual fue Años de Vértigo. Cultura y cambio en Occidente, 1900-1914 de Philipp Blom que me llevó a parar con mi veneración de lo digital, y a tratar de entender mejor porque lo digital aun esta muy lejos de construir nuevos mundos de sentido per se, hubo otra aun mas reciente adquirida esta misma semana en Barcelona, que reafirmó muchas de las intuiciones anteriores y que exige que sigamos estudiando estos temas con mucho mas detenimiento y cuidado que hasta el presente.

La obra en cuestión a la que le dedicaremos varias editoriales futuras es Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis de Alan Riding. y al habernos sumergido en su lectura, descubriendo cada día innumerables mecanismos de construcción de sentido vayamos hacia ella para ver si podemos empezar a entender como funcionan estas catedrales del sentido.

Porque contrariamente a lo que pudohaber parecido en los últimos años (¿una o dos décadas tal vez?), nunca perdimos el placer de la lectura, solo que lo fuimos reorientando. En vez de fascinarnos con el mero encadenamiento de las ideas, con las fiorituras de las argumentaciones abstractas, con el engolosinamiento por la ocurrencia y el retruécano, lo que cada día nos llama mas la atención es generar (o descubrir) pautas que conectan allí donde menos lo esperamos (y muy particularmente cada día admiramos mas a quienes son capaces de hacerlo).

De lo que se trata pues es de explorar los dilemas, de estimular las contradicciones, de enfatizar las sutilezas, de sofisticar los puntos de vista, pero sobretodo de hilvanar diversas perspectivas acerca de fenómenos ignotos, poco advertidos, marginales, en los bordes y en los márgenes, y echar sobre ellos poderosas luces e iluminaciones, que muestren la potencia de la imaginación instituyente, ligada muy mucho al empoderamiento que permiten ciertos tipos de una escritura que cada día se ensimisman menos en si misma (la literatura alabada por los cultores del canon occidental) y se convierte cada vez mas en composición de sentido de manos de los dispositivos digitales, y adquieren su pleno sentido fuera del circuito libresco (como bien relevaba Alessandro Baricco en Los Barbaros. Ensayo sobre la mutación, hace poco tiempo atrás).

Una idea es una diferencia que genera una diferencia

La frase pertenece a Gregory Bateson hace mucho tiempo y lo podemos comprobar cada día con mayor contundencia. Hay una distancia infinita entre el aprendizaje (en el sentido mas simple y cuantitativo del término, es decir en el evolutivo de reflejar lo expuesto por otros), y el deuteroaprendizaje (saber que estamos aprendiendo porque estamos desaprendiendo, orientarnos mas por nuestro deseo que por la exigencia de acreditar alguna competencia con fines generalmente mercantiles, romper los marcos de lo heredado y plantear(nos) nuevos desafíos cognitivos, pero también emocionales y morales). Todos sinónimos de la vulgata edupunk que hemos abrazado desde el año 2009 en adelante y que vivita y coleando está.

Las últimas décadas han sido pródigas en experimentos y en propuestas, y nosotros nos hemos subido entusiastamente a esa ola. La lenta puesta en cuestión de los valores de las taxonomías (convertido en un axioma por al Wikipedia y el correlativo Potlach Digital tan bien deconstruido por José Felipe Ortega y Joaquín Rodríguez López en El Potlach Digital. Wikipedia y el triunfo del procomún y el conocimiento compartido, apuntan a la erosión irreversible del libro en tanto monumentalidad. Hasta las editoriales -esas guardianas no tanto del saber como de sus modelos de negocios centenarios- lo presienten(como bien lo inventarían José Antonio Cordón García y coautores en Gutenberg 2.0 La revolución de los libros electrónicos (Trea, 2011) y empiezan a diseñar productos que tratan de escapar del aherrojamiento que suponen las categorías de autor, temas, formatos, asimetrías autor/lector, y fundamentalmente el estado de indefension al que los sujetos supuestos saber someten a los aprendices.

Si las editoriales deben aprender a bailar esta extraña danza, aunque a regañadientes, es porque han detectado que el libro de texto, la curricula cerrada, el punto de vista único escolar, los valores de la intelligenstia educativa, y tantos otros pronunciamientos a favor de la transmisión top-down (identificables sin mas con la curadoría editorial) , se están volviendo insostenibles.

Con poderosas bases de datos de las intenciones de la gente como es Google, con una plataforma de costo cognitivo cercano al cero como es Facebook, donde usar es publicar, con herramientas construidas sobre Twitter como Tweetdeck o Hootsuite que permiten generar tableros de control y hacer minería de datos sobre los buenos criterios de nuestros «seguidos» (followed), a quienes les sobra capacidad de detección de fundamentales y tendencias, el panorama que se abre para el aprendizaje (molecular, descentralizado, post-textual, invisible, informal, mulitemdial, transmediático) empieza a ser cada dia mas disruptivo.

De decir a hacer, de mirar a construir, de detectar la pauta que conecta a diseñarla

Pasan los años y las discusiones pedagógicas están mas que estancadas. El problema no es tanto que no tenemos teorías para entender como se puede enseñar mejor, sino que desconocemos casi todo acerca del aprendizaje, sobretodo su variedad, ubicuidad, personalización, volubilidad, y mas que nada las ataduras que tiene con el deseo (como bien lo describió Joan Ferres en La educación como industria del deseo) y con las visiones únicas de cada aprendiz insumiso (como bien lo teorizó Jacques Ranciere en El Maestro Ignorante).

Por miedo a la atomización continuamos adorando la estandarización, por desconfianza hacia la capacidad reordenadora del autoaprendizaje, seguimos insistiendo en que la primera y última palabra acerca de qué y cómo aprender la tiene el docente. Por confundir áreas en donde el conocimiento está acumulado y se transforma lentamente (el álgebra por ejemplo, pero también la historia factual, la economía básica y redudccionista o la química lavoiseriana) caemos en rituales axiomáticos que de ningún modo pueden lidiar con las ciencias del comportamiento, las ciencias de la complejidad, las ciencia de la indeterminación en donde las perspectivas se renuevan ya no cada década sino cada año o cada trimestre.

Tampoco debemos esperar demasiado (por ahora) de los generadores automáticos de conocimientos (como pueden ser los robots, los spiders, los agregadores o los algoritmos). Aunque también hay mucho de que sorprenderse en estos ámbitos. Sin embargo tampoco alcanza con rótulos y endiosamiento baratos. Es hora de que dejemos de venerar al pattern recognition maquinico (cuanto hay que aprender aun sobre el tema de la mano de William Gibson en Mundo Espejo), y de que empecemos a tratar de entender en que consiste el pattern design que queremos asociar con el design thinking.

Bateson mentaba a la pauta que conecta y la introducía con una asociación genial:… «¿Qué pauta conecta al cangrejo con la langosta?, ¿y a la orquídea con el girasol?, ¿y qué es lo que une a todo aquello entre sí?, ¿y a todos ellos conmigo?, ¿y a Ud. conmigo?, ¿y a todos -nosotros y aquellos- con la ameba por un lado y con el esquizofrénico que encerramos, por el otro?

Cada vez que leemos alguna de esas obras monumentales (como Años de Vértigo o Y siguió la fiesta) que nos están haciendo reconciliar con la escritura y la lectura analógicas (desde el atalaya de la lectoescritura digital), al mismo tiempo nos damos cuenta de que lo que mas nos fascina es la habilidad que tienen estos autores de diseñar patrones de sentido.

Preguntas que saben la respuesta de antemano

Nos preguntaba Mariana Maggio por donde viene (y hacia donde va) «la cosa», y ella tenia la respuesta mas clara que nosotros. La cosa pasa por la composición de sentido, por el diseño de pautas que conectan, por la creación de nuevos campos de saber/poder, por la construcción de una mirada cada vez mas polideterminada y multicausal acerca de cualquier tema significativo.

En ese sentido todo dogmatismo -o sea toda lectura maniquea y militante reductora de la diferencia y de la variedad- (y cada día brotan miles) es incompatible con nuestra propuesta de diseño de nuevos docentes, pero también de nuevos lectoescritores o de nuevos curadores/editorialista, a quienes invitamos a no abrazar plataformas y contenidos predigeridos en lo digital, mientras rechazamos el mundo cerrado ordenado por el libro (de texto).

En un libro maravilloso y antiquísimo publciado en 1957 Alexandre Koyre nos instaba (tratando de recapturar el espíritu del renacimiento y de la revolucion científica de los siglos XV y XVI) a pasar del mundo cerrado al universo infinito. Es hora de hacer lo mismo en el mundo de la pedagogía, de la lectoescritura, de las editoriales, del periodismo, de la publicidad.

Y para ello hay que impedir a toda costa que las editoriales consagradas hagan pie en el mundo digital para vender mas de lo mismo (la rectificación de nombres), en vez de dar un salto cuantitativo y cualitativo reinventando qué es aprender, sin forzarnos a permanecer encerrados en contenidos controlados (no importa si en el papel o en la pantalla), sino apostando a dispositivos, formatos y modalidades cada vez mas sobredeterminados, complejos y abiertos (que obviamente no es el caso de los soportes/ecologías de Amazon, Apple y Barnes & Noble).

Ya elaboraremos al respecto pero los innumerable aportes reportados en decenas o centenares de ediroriales anteriores indican de que estamos hablando, en que estamos pensando, con quien queremos compartir decisiones y apuestas.

Todavía encanutado en el Airbus de Iberia y con casi un cuarto del trayecto por recorrer les digo bye hasta mañana AP (ah si con el mamotreto que escribió Walter Isaacson sobre Jobs a mi lado), así que aquí también habrá que seguir explorando como se puede seguir generando estos tochos, no morir en el intento, y obligar a tecnófilos empedernidos como al que esto escribe a parar y barajar de nuevo.

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Un comentario

  1. Gerardus Gerardus

    Excelente reflexión.

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