
Nacidos como somos en estas pampas nuestro ideal de escritura no pasa necesariamente por Henry James o James Joyce. Ni por Ernst Hemingway o William Faulkner. Con toda la admiración, mayor o menor, que tenemos por esos tótems.
Ah si claro si de luminarias actuales se trata, mas de uno nos querría convencer de escribir (y de admirar) a Coetze o a Sewald, a Tabucchi o a Saramago, a Jelinex o a Auster, Amis y compañía.



La idea es simpática, no se si será acertada o defendible cientificamente, aunque tampoco pongo las manos en el fuego por la ciencia tout court. La formuló el profesor en Neurolingüística Josef Grodzinsky alojado indistintamente en la McGill University y también en la Universidad Autónoma de Barcelona. Según él cada idioma ocupa un lugar diferente en el cerebro, y también las preguntas y las respuestas se crean en áreas distintas.



