“Lo mejor que puede hacer un profesor es equivocarse.
El conocimiento es siempre incompleto”
Elizabeth Ellworth
El pensamiento crítico no es una habilidad sino un estado de ánimo
Cuanto menos quiero acercarme a una clase, a una universidad, a una formación docente, mas quedo atrapado en esos menesteres. Cuanto menos le presto atención a Linkedin y a sus interminables autobombos, con mas afiches intertentes de congresos, reuniones y meetings educativos me topo. Si hubiera alguna proporcionalidad entre las infinitas reuniones que se hacen acerca de cómo mejorar la educación y que ello cocurriera, el milagro hegeliano de la reconciliación del cielo con la tierra hace rato que habría ocurrido. Pero no es así
Cuánto mas se mencionan los cambios que habría que implementar en las aulas, menos se llevan a cabo. La retórica pedagógica hace rato que le ganó la mano a la transformación efectiva el aula. Aunque haya algunos contraejemplos (innovación boutique) y algunos ambicionemos estar entre esos marginados contraculturales, somos una ínfima minoría. El resto es puro bla bla bla.
Por suerte en nuestra biblioteca (y probablemente también en las vuestras) aún figuran un puñado de nombres que alientan que ese otro camino (alejado de la pasteurización de la IA, las arquitecturas de aprendizaje monas y supuestamente mágicas; y los docentes emprendedores e inventores- que los hay contados) sigue siendo posible..
Porque en esos anaqueles despoblados sobresalen las figuras de Ivan Illich y de Jacques Ranciere; de David Perkins y Seymour Papert, de Seymour Saranson y Selma Wasserman, de David Gauntlet y Edith Lewin, de Ignacio Lewkowicz y Mariana Maggio, de Marina Garces y Eliot Eisner; de Elizabeth Ellsworth y Kieran Egan, de Kein Bain y Philippe Meirieu entre varios otros.
Conocí la potente obra de Elizabeth -condensado principalmente en Posiciones en la enseñanza : diferencia, pedagogía y el poder de la direccionalidad publicada originalmente en 1997 (hace casi 30 años) cuando coincidí con María Acaso quien la entrevistó en El aprendizaje de lo deconocido (2011), a principios de los 2010 en la Universidad Complutense de Madrid.
Tiempo después de hacer algunas actividades edupunk conjuntamente me pidió que escribiera un prólogo para la segunda edición del libro “Esto no es una clase”, trabajado con los bellos gráficos de Clara Nubol en la misma colección donde aparecieron nuestros queridos El proyecto Facebook y Aprender para emprender.
Como siempre, de refilón reapareció el olvidado archivo y releyéndodolo en tiempos de Framers, Polímatas y Rangers nos apercibimos de cuánta actualidad tenía, y de porque -debemos seguir intentándolo, a pesar de tanta institucionalidad y cosmética pedagógica dando inocuamente vueltas. Por ello mismo
Prólogo a la Segunda Edición
Ya nadie necesita los portavoces de antaño, salvo si uno, original y raro, inventa (Michel Serres, Pulgarcita)
“La pedagogía, cuando “funciona”, es irrepetible y no se puede copiar, vender o intercambiar, “no tiene valor” en la economía de los explicables en educación”. (Elizabeth Ellsworth, Posicionamientos en la Enseñanza)
Edublocks para todos
La idea de átomos de conocimiento intra- y extracurriculares fue propuesta a principios de los años 90 por Pierre Levy en Los Arboles del Conocimiento. Se trataba de un sistema abierto de comunicación entre personas, formadores y empleadores, con el objetivo de reconocer la diversidad de competencias de las personas, de regular sus aprendizajes y formación, y de hacer visible, a través de una cartografía dinámica el espacio del saber de los grupos humanos (escuelas, empresas, pools de empleos) sin por ello poner bajo amenaza la privacidad de las personas
Los edublocks, una propuesta de IFT y ACT Foundation a principios de 2016, retomaron esta idea de un modo operacional. En un llamativo video Learning is Earning 2026, a partir de una muy discutible equivalencia entre aprendizaje y lucro, el video se pasea por un mar de neologismos: learning commons, modelos mentales, cultura maker, nativos digitales, plataformas de coordinación, herramientas colaborativas, simbiosis hombre-máquina, decodificación del cerebro humano, etc. anunciando a The Ledger, un sistema de seguimiento del conocimiento a través de la tecnología blockchain, que aún no existe –aunque fue reinvocado por Marina Gorbis en su charla CIIE 2018 en el Tecnológico de Monterrey, pero representa una posible realidad para el futuro de la educación.
Este sistema pretende agrupar todo el conocimiento en unidades llamadas edublocks, que representan una hora de aprendizaje en cualquier tema, sea académico o de alguna habilidad o trabajo. Los edublocks pueden obtenerse a partir de un tutor, una universidad, un trabajo, una app o un centro comunitario. Los edublocks figuran en los perfiles sociales de los usuarios revelando sus habilidades y el tiempo que han pasado en actividades artísticas, de resolución de problemas o comunicación, entre otras.
Así los empleadores pueden ofrecer empleos que se ajusten a las habilidades específicas de cada persona. Además, The Ledger arrojará datos que pueden utilizarse para ofrecer retroalimentación específica en temas específicos. Incluso los usuarios podrían ofrecer un porcentaje de sus edublocks a inversores, a cambio de cursos gratuitos, similares a becas a medida. Esta tecnología estaría basada en el blockchain, la misma que utilizan algunas criptomonedas como el bitcoin.
Partiendo del supuesto razonable de que en el futuro próximo trabajar y estudiar estarán cada vez más acoplados (fungirán en simultáneo en vez del modo secuencial que hemos vivido en los últimos siglos: aprender (20 años) –trabajar (40)), la herramienta Ledger se ocuparía de los flujos de aprendizaje continuos, de los híbridos presencial/virtual; de la reputación dinámica y del matcheo algorítmico.
Sería maravilloso que todo conocimiento se convirtiera en una píldora conceptual (pero también físico-químico como en la utopía de Matrix). Si quisiéramos manejar un helicóptero nos tomaríamos una píldora, si quisiéramosentender la mecánica cuántica otra, si quisiéramos saber porque Donald Trump o Xi Jinping dominan el mundo con sus “fake news” o construcción de “verdades alternativas”, otra y así sucesivamente.

El aprendizaje se dice de muchos modos, pero todos llevan su tiempo
Lamentable- (o afortunadamente) falta mucho para que ese momento llegue (igual que la Singularidad de Kurzweill que nos convertiría en superhumanos, es decir en superaprendices omnipotentes). Por el momento (que puede durar unas cuantas décadas sino siglos o una eternidad) podrán cambiar muchas cosas, pero el aprendizaje seguirá siendo incierto, no hay píldoras ni fórmulas mágicas que lo garanticen, podemos copiarnos o inspirarnos en Singapur, Finlandia o Estonia y aun así en nuestros sistemas educativos iberoamericanos hay millones de chicos que leen mal, cuentan peor y sobretodo carecen de narrativas de futuros alternativos.
¿Qué tienen que ver los árboles del conocimiento, el blockchain, los edublocks, The Ledger y las píldoras de Matrix con esta reedición del libro de María Acaso que anunciaba en 2013 hiperbólicamente que en sus páginas podríamos cartografiar la revolución educativa rizo/redomática?
Mucho, aunque por diferentes razones. Mientras que los edublocks y su parafernalia están demasiado atados a la idea de exaptación (y de inevitabilidad tecnológica), las propuestas planteadas por el libro, dependen de humanos que sabemos que el resultado de la batalla por el aprendizaje no es inevitable, y que la estamos perdiendo, aunque podría ser diferente.
De cómo entablar nuevas batallas reparadoras, María habló muchos en la primera edición. De hecho sus 5 preceptos se han convertido en una base para la crítica del sistema existente: 1. El desfasaje entre “nuestra enseñanza” y “su” aprendizaje; 2 La distancia entre “creernos” democráticos y serlo; 3. El pasaje de la clase a la reunión; 4 La confusión entre estudiar mucho y no aprender casi nada; y 5.Eel devenir de una educación evaluable a una centrada en el aprendizaje.

Para desarrollar sus puntos María (y su genial ilustradora Clara “Nubol” Mejías), nos invitan a rellenar fichas de clase, a diseñar nuestras propias gafas críticas; a pegar apuntes cuyas notas recordemos; a hacer listas de aprendizajes; a solicitar caricaturas de nosotros mismos; a cotejar listas de alumnos recordados con los reales; a destruir nuestros propios manifiestos edupunks; a empezar las clases con detonantes; a hacer clases visuales con los móviles; a dibujar a nuestros estudiantes; a invertir la carga de la prueba y que a los exámenes los diseñen ellos y los contestemos nosotros.
Compañeros de ruta, pasados, presentes y futuro
Como su libro no tiene lugar para plácemes gratuitos y las complacencias, le hace un guiño a un número escueto de compañeros de viaje. Entre los que se encuentran la gran Elizabeth Ellsworth cuya noción de posicionamiento en la enseñanza (y de inconsciente como tercer vector junto al profesor y el alumno en los procesos de aprendizaje) es de un valor inaudito. En el listado figuran asimismo Elliott Eisner, Joan Fontcuberta, Nicolás Bourriaud, Raúl Gonzáles, Colectivos como Platoniq o Xemos98, LOVA, VACA, Pedagogías Invisibles, El Tercer profesor, Proyecto Facebook y Jim Groom, Joaquín Reyes, Orhan Pamuk, Rosan Bosch, Robert Schank, etc.
¿Cuánto de lo propuesto en la primera edición de este libro se ha logrado, y cuánto queda pendiente sobre la base -como se dice al final- de que existen algunas instituciones y muchos profesionales de la educación, que están llevando a la práctica propuestas interesantes balizadas en el libro, pero cuyo principal problema es que no son la norma sino la excepción.
Experiencias de diseño de cultura digital en el Colegio Hebreo Maguen David en México, y la instalación de aulas makers en más de 190 escuelas en el contexto del proyecto UNOi en México, o los diplomados en educación disruptiva impulsados en el ILCE, México, o el trabajo de más de dos décadas en @datosuba, son ejemplos de muchas de las prácticas a las que se hace referencia en el libro.

Mientras, también han ocurrido puntualmente algunos diseños institucionales y propuestas de renovación pedagógicas inesperados. Desde la creación de una universidad como Minerva Schools, que ha cambiado completamente la conversación acerca del no-futuro de la Universidad, mostrando cómo se puede enseñar a aprender de un modo profundo e innovador, hasta experiencias como las que viene llevando adelante la cátedra Tecnología Educativa (#tecnoedu) en la Universidad de Buenos Aires a cargo de Mariana Maggio, y una miríada de colaboradores, que ha avanzado muchísimo en una noción como la de enseñanza poderosa, que retoman y avanzan las anticipaciones hechas en la primera edición del libro.
Proceso que implica atender al campo pedagógico en una versión actualizada propia del tiempo en el que la práctica docente tiene lugar; reconocer que el conocimiento es una construcción provisoria, enseñar a mirar desde distintos puntos de vista; ofrecer un diseño original, formulado en tiempo presente en el momento en que la clase tiene lugar, llevar adelante una enseñanza que conmueve y deja huellas eternas.
La enseñanza poderosa en épocas de tecnologías exponenciales y rémoras institucionales
En 1907 el gran Benedetto Croce escribió un libro llamativo “¿Qué esta vivo y que está muerto en la filosofía de Hegel”. Trasladando ese interrogante a la edición original de esta obra podemos decir que lo que están muertas son las condiciones tanto escolares, cuanto extraescolares existentes hace un lustro atrás.
En estos cinco años en materia tecnológica ha pasado de todo, en particular en dos campos, la Inteligencia artificial y la ingeniería genética. Si somos capaces de editar un gen como quien lo hace con un párrafo o un fotografía, ¿porqué no podríamos editar con igual radicalidad una clase, un sistema educativo, el aprendizaje todo?
Y si a través del deep y el machine learning hemos puesto en cuestión la verosimilitud de todo discurso, de toda imagen, de todo relato, ¿no podríamos usar aplicando ingeniería reversa todo este poder de cómputo, nuestro rastreo de inmensa bases de datos y nuestros programas cada vez mas “inteligentes” para reinventar en igual medida y osadía el aprendizaje?
En el camino como subproducto inevitable de un conjunto combinado de factores la red se ha convertido de promesas de cura para todos los males reales (entre ellos los educativos), en una inmensa fábrica de mentiras, de condicionamiento pavloviano masivo, de amenaza a la democracias, y de interferencia con los intentos políticos emancipatorios (incluyendo los educativos) de un modo brutal.
Lo que está vivo es el diagnóstico de entonces, la avidez por no dejarse vencer por los ideologemas dominantes. Después de todo, lo que compartimos María Acaso, Mariana Maggio, Minerva, TeamLabs (en la tradición de Montessori, Freinet, Froebel, Dewey, Freire, Ferrer Guardiá) y tantos otros experimentos post-pedagógicos es “poner una bomba en el corazón de la didáctica clásica”, con el fin de reinventar el aprendizaje.
La primera edición del libro dejó lista la bomba para explotar. Muchos lo hicieron en instituciones preexistentes y/o en otras que están ayudando a crear. Pero el sistema educativo es especialista en reformar a la reforma. En desactivar bombas, en pacificar y pasteurizar todo.
¿Que bombas debemos poner en 2018, cuando aliados de entonces como las redes han demostrado ser expertas en desactivarlas al servicio de la publicidad, la propaganda y el consumismo mas ramplón? ¿En qué tipos de habilidades y competencias tendremos que entrenarnos para que nuestras bombas vuelvan a a activarse, para que las experiencias disruptivas que anhelamos -y se derriten como el helado en el calor del verano-, sigan vivas y potentes?
Ojalá está segunda edición ayude en esta tarea interminable tan necesaria como imperiosa, convirtiendo los deseos post-pedagógicos en acciones perdurables; y a algunos de quienes recorren esos caminos en maestros memorables :-).
Tigre, Buenos Aires, Diciembre de 2018
NB Ja otra vez la bomba autodesactivó y de la mano del ChatGPT todo se pasteurizó infinitamente mas que hace 7 años. ¿Dónde está el antídoto? Quizás lo que necesitamos es menos cháchara; menos aceite curalotodo (snakeoil); menos promesas vacías y empezar a tomarnos en serio que las habilidadds tan reclamadas (para que no tengan lugar) en la escuela (pero en rigor en todos los ámbitos de la sociedad) son otros estados de ánimo que los predominantes atrapados hoy por el resentimiento y el rencor y por la resignación y la frustración. Pero ese es otro cantar.
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