
La latinomericanización de USA, para peor
Un viaje de 4 dias a USA es un desperdicio, con todo lo que hay que ver y hacer. Y si encima se escande entre tres de mis ciudades favoritas como son Washington, Boston y Nueva York la sensación de todo lo que no vimos, hicimos o visitamos se incrementa momento a momento. Pero es lo que había y nadie nos quita lo bailado.
El viaje empezó con una constatación que cada día se confirma mas. La latinomericanización de USA es una verdad que se canta a gritos. Nada es como en los lejanos 60 o 70 en términos de servicios, infraestructura, pero sobretodo el paraíso del consumidor que alguna vez USA supo ser.
Aqui el usuario cada dia sufre tanto o mas que en nuestras periferias, la desatención es ya una forma de vida, y el «may I help you?» que saluda todo encuentro con un vendedor o prestador de servicios suena cada día mas hueco, porque realmente lo es.
La constatación empezó en el propio aeropuerto de Miami. No éramos muchos en la cola de inimgración, por suerte así que no había gran riesgo de perder la conexión. Casi hora y media separaba un vuelo del otro. Pero de pronto me dí cuenta de que estábamos parados en el mismo lugar desde hacía 15 minutos y ninguna cola se movía salvo la de los norteamericanos.
Se escuchaban gritos y discusiones de un lado a otro pero la cosa no se aclaraba hasta que algún morocho simpaticón nos cantío las cuarenta. Se había CAIDO el sistema, no funcionaba el sistema de registro de huellas dactilares ni tampoco las webcam implantadas post-ataque del 11-S que nos retratan en nuestra «majestuosidad» despues de 12 horas de viaje.
Menudo problema porque nadie sabia cuando se arreglarían y de pronto las colas empezaron a engrosarse con los viajantes de vuelos que entraban a lo loco después de las 6 de la mañana. Por suerte a alguien se le ocurrió la solución latinoamericana, si no anda que no se use y todos pasamos rápidamente haciendo un pequeño agujerito en un sistema de rastreo que debería ser impoluto pero que latinoamericanizado -y dependiente de una tecnología siempre aleatoria- perdía todo su sentido.
Las telefónicas nos expolian en todos lados
Al rato quise comprar una tarjeta SIM para mi teléfono. Los ridículos de T-Mobile las cobran US$ 50 y expiran a los tres meses. Son unos chorros asi que fui a Cingular y me la dieron por la mitad. Pagué, pero no les andanba el sistema, me volvieron a hacer firmar la firma. Yo tontamente lo hice pero seguía sin salir el recibo. La tarjeta estaba supuestamente activada y me permitiría hacer llamadas internacionales. Era todo un truco, está bloqueada la llamada internacional.
Al rato se me ocurrió usar el GPRS para ver el mail porque no había llevado la compu a la sala de reuniones. Claro se habían acumulado como 80 de un dia para otro, igual la conexion era tan lenta que la misma máquina decidió autodesconectarse. Eso si el chiste que habrá durado 4 o 5 minutos me costo 5 dólares, la mitad de la tarjeta, siendo que casi todo el mail era basura. Una bicoca.
En el hotel había querido conectarme a Internet. US$ 10 por día. No era tan caro siendo que en Europa puede costar hasta 15 euros diarios, pero el chiste era que no tomaban -como en casi todos los otros hoteles si lo han hecho hasta ahora- 24 horas corridas sino que computan a partir de la hora de entrada que es las 3 de la tarde. O sea que si algún incauto se conecta cuando entra a las 11 o 12, le cobraran un día por un par de horas. Y la latinoamericanizacion sigue y sigue.
Lo mejor, pero infinitamente mas caro
Por supuesto que en otro nivel las cosas andan estupendamente bien. Cuando uno se aloja en hoteles de U$S 200 dólares o come comidas de US$ 50 dólares o mas, en restaurantes que están bien pero no son nada del otro mundo, quizás se note una leve mejoría.
Y tambien lo que asombra es la productividad, esos títulos de libros que nunca dejan de aparecer, las mesas enteras de novedades generadas por los profesores del MIT, la máquina de pensar encarnada en personajes como Marvin Minsky, Steven Johnson, Henry Jenkins y tantos otros conocidos, que nos sorprenden con numerosas propuestas intermitentemente, con un nivel de osadía, frescura y profundidad que no abunda en nuestras lares.
Y ademas todo los quejidos y bramidos valen poco y nada cuando gran parte del viaje estuvo dedicada a husmear, pispear, desandar y entrever los avatares de la computadora de 100 dólares que nada ingenuamente James Surowiecki en «Philantropy’s new face»su balanceado articulo de tapa de la Technology Review de diciembre del 2006 postula como una potencial salvadora del mundo.
Que aunque ni tanto ni tan estentóreamente supone barajar y dar de nuevo en el mundo de la tecnología educativa, algo que hace rato que estaba haciendo falta.
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