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Cuando la semántica es política, pero también un inasible algo mas

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Palabras, poder, suspicacia

Hace añares Lewis Carroll nos lo enseñó con una claridad meridiana. Fue cuando inventó este diálogo imborrable en Alicia en el País de las Maravillas

—“Cuando yo empleo una palabra —insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso—- significa lo que yo quiero que signifique. Ni más, ni menos.

—La cuestión está en saber —repuso Alicia— si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

La cuestión está en saber —replicó Humpty Dumpty— quién manda aquí. Eso es todo”.

Si esta cita desde que la redescubrió Paul Watzlawick se ha empleado en innumerables oportunidades, mostrando una lozanía y un valor heurístico casi superior al esgrimido por el propio Carroll, frente a ciertos usos pragmáticos del lenguaje redespertarla mas que una oportunidad es un mandato.


Un hecho luctuoso leído en clave Humpty Dumpty

Nos volvió a la punta de la lengua hace unos días cuando una chica de 10 años fue violada, por un ex-policia de 73, de resultas tuvo un hijo, el individuo de marras fue liberado por un tribunal que sostuvo que no había habido, encima se le permitió al autor del embarazo vivir medianera de por medio con la nena sosteniendo que su vecindad no implicaba un riesgo emocional para la menor ultrajada.

En el dictamen los jueces sostuvieron que el policía no es un violador sino un sujeto que cometió «abuso deshonesto con acceso carnal agravado«. Merced al ADN del bebé no pudo negar el delito, pero aclaró que no había penetrado a la púber. Por su parte, ella dice no recordar. ¿Cómo? ¿Y la revisión ginecológica previa al parto? No se realizó para no revictimizar (¿?) a la púber en cuyo vientre ya se había diagnosticado un embarazo.

Un fallo que nos deja patitiesos

Para que no imaginemos que los jueces eran unos delirantes al mejor estilo de la Corte de los milagros mendecista transcribamos literalmente el fallo: “Tampoco puede descartarse que haya habido penetración, pero lo que importa es que no puedo rechazar la posibilidad contraria, que es la más favorable al imputado”. Al mejor estilo garantista que casi siempre suscribimos queda claro que se trataba de una interpretación jurídica que tiende a garantizar los derechos del inculpado.

En una reciente nota ¿Sin penetración? Eva Giberti adjudica a la equiparación por parte de la ley de la violación solo con una penetración, un remanente falocéntrico asociado con el derecho del hombre sobre el uso del cuerpo femenino. E insiste en que algunos países europeos se ha ido ampliando el sentido de la violación a actos sexuales de cualquier tipo sin consentimiento -especialmente en casos de asimetrías de edad tan notorios y sobretodo cuando una menor esta en juego.

Sentencias que se ajustan a derecho y leyes que violentan el sentido común

La nota de la conocida psicóloga pone en cuestión la fundamentada sentencia pero no en términos de la arbitrariedad de la misma, que se ajusta casi siempre a derecho, sino a las barbaridades de una LEY que hace posible dictar coherentemente estas sentencias. Y sobretodo demuestra como la máquina legal opera cuando, ajustándose a derecho, ninguna de las partes incluyendo a fiscal y abogado defensor, quieren desviarse un ápice briendo el juego a otros razonamientos, valoraciones de pruebas, cuestionamientos, pero sobre todo indignación moral, convirtiendo a todo el tema casi en una caricatura del caso de la nafta adulterada. Si no hay penalidad explícita no hay delito.

Como aquí si los involucrados no pudieron escaparse totalmente por la tangente ya que dieron por probado el abuso deshonesto lo que Giberti cuestiona es porque tanto el defensor como el fiscal se ajustaron tan plenamente a derecho.

Preguntas irritantes, absurdos flagrantes

Sus preguntas incontestadas son brutales y permanecen amenazantes. ¿Dónde estaba el fiscal de la causa antes de la sentencia? ¿Por qué no apeló en lo que respecta a los graves daños sufridos por la víctima en distintos niveles, agravados por la familiaridad y la autoridad del inculpado? ¿Por qué desistió? Entre las características singulares de los procedimientos de esta causa, la actuación fiscal abre un interrogante mayor. También la de la defensa.

La nota esta escrita desde el sentido común. Pero también desde la política lingüística. Desde la indignación pero también desde la responsabilidad. La autora insiste repetidas veces en que la revisión de los contenidos de las leyes y el reclamo de su modificación es responsabilidad ciudadana y no patrimonio exclusivo de jueces y abogados.

Aquí sobran víctimas y faltan victimarios. Ya sea porque a los primeros se los ignora y porque a los segundos (en una larga linea de genuflexiones que incluye a jueces, fiscales y defensores) se los santifica y se los justifica en nombre de las sagradas palabras de la ley.

Excediendo el falocentrismo y acumulando absurdos

Hay además otra dimensión a tener en cuenta que va mas alla de lo que menciona Giberti. Esta ligada a una curiosa torsión de la sanidad de instituciones y del lenguaje, que ella reduce al falocentrismo pero que lo excede. Tiene que ver con las desorganizaciones. Tiene que ver con el pensamiento líquido. Tiene que ver con las instituciones voraces. Tiene que ver con una descomposición de la ley, pero sobretodo tiene ver con un vaciamiento de nociones creídas universales y eternas.

Si lo mencionamos no es para desmerecer los señalamientos de Giberti, sino para profundizar en la naturaleza de los absurdos que nos conmueven (cuando todavía lo hacen) diariamente. No es solo que una camada de hombres menefreguistas entongados en algún pacto de comunes pervierten a la ley. Ni tampoco que la mayoría de los legisladores son hombres. Ni tampoco que Carroll tenía razón y al lenguaje se le puede hacer decir cualquier cosa. Todo lo que es rigurosa y concluyentemente cierto por otra parte.

Hay algo mas sobre lo cual nos orientaban Lash y Bauman, sobre lo cual nos advierten Sennett y Brea, sobre lo que avanzan Verdu y Dufour. Esta ligado a la descomposición de un orden perceptivo, a la confusión de categorías intelectuales y emocionales basicas, esta anclado en la necesidad de una redefinición de lo hecho/dicho/permitido/sorprendente/aceptable/funcional/digno, que ha estallado en pedazos hace décadas y que no vemos por ningun lado como reensamblar

En ese hueco sentencias como estas molestan, indignan, llevan a denuncias, permiten escribir artículos como el de Giberti o el nuestro propio y luego salvo error u omision probablemente se pronunciará otra aun mas aberrante, atípica, contra el sentido común, pero siempre ajustada a derecho.

Si claro mas de uno insistirá en que hay que cambiar el derecho. Y de vuelta con muchísima razón. El problema es que es casi imposible cambiar el derecho cuando el sentido de lo que es derecho se ha astillado y cuando las denuncias acerca de su manipulación forman parte de otros encofrados del diseño lingüístico que nos son ajenos o nos resultan cada vez mas kafkianos.

Eppur si muove así que habrá que retomar cada uno de estos peros y fenómenos inexplicados o inexplicables y barajar y dar de nuevo. Sin dejar que mientras tanto Humpty Dumpty nos arrase con la Ley o su Ley.

Publicado enAnti-FilosofiaInvolucramientosLenguajesLenguaracesPapelonesReveladores

Un comentario

  1. caro Piscitelli: con imaginable sorpresa y razonable placer acabo de leer tu artículo.! Muchísimas gracias! De veras te lo agradezco. Voy a colocarlo en la bibliografia que utilizan l@s colegas que forman las brigadas contra la violencia fliar, y las que intervienen en situaciones de violación(Min.de Justicia,Programa lasVictimas contra las Violencias que coordino)Fundamentalmente por la bibliografia que citás,de ineludible consulta si pretendemos un minimo pensamiento crítico. Te aclaro: Rocio, la púber víctima NO TUVO DEFENSA ALGUNA. NUESTROS NIÑ@S VICTIMAS CARECEN DE LEGISLACION ESPECIFICA QUE SE OCUPE DE ELL@S. Los jueces solo intervienen en situación de niñ@s transgresor@s.Tema largo,imposible desarrollarlo aqui.Y yo solo pretendia mandarte un abrazo con mi agradecimiento .
    Eva Giberti

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