Saltar al contenido

Día: 5 noviembre, 2010

De la literatura como ocasión para el sentimiento a la literatura como ocasión para la interpretación

logo-Pgutenberggris

«Nuestros instrumentos de escritura contribuyen a nuestro pensamiento» (Nietzsche)

Las amenazas fisiológicas de la conversiòn digital y el desconocimiento de la materialidad de la cultura.

Es un lugar común insistir que el advenimiento de la religión digital está causando las mismas zozobras, utilizando mecanismos similares, y generando polémicas y discusiones muy semejantes, a las que la humanidad ha vivido en ocasiones anteriores. Ya sea cuando se inventó la imprenta, o mucho mas lejano en el tiempo, cuando se diseñaron los primeros alfabetos, y la oralidad fue sustituida por la viralización de la escritura, en particular a través de la construcción de su versión alfabética.

Nosotros mismos lo hemos repetido en innumerables ocasiones por lo cual conviene ir en otras direcciones de trabajo mas ricas que las letanias o constataciones. Es lo que ha hecho Karin Littau en Teorías de la Lectura. Libros, cuerpos y bibliomanía (Manantial, 2008) en una obra mas que valiosa que investigaremos en estos vuelos por sobre el continente americano, un lugar idea para trabajar en esta Biblioteca en el Aire que es la combinacion de una iPad, cuya batería para escribir puede durar indefinidamente, y un par de libros que aportan mucho para seguir profundizando en los infintios vericuetos que supone tomarnos en serio a El paréntesis de Guteberg.

Uno de los aspectos mas interesantes de estas investigaciones cruzadas es que ambos (los apólogos del libro, los apólogos de la computadora) pasan por alto un hecho crucial, a saber el carácter material de los contenidos empaquetados en distintos formatos. Porque un libro (y una pantalla) no son uno sino que siempre son (al menos) dos: un artefacto manufacturado y un transmisor de significado. Esta disociación entre ambas funciones es bastante reciente, no tiene mas de un siglo. Al haberse producido en forma oculta y poco reconocida, esconde el principal motivo por el no cual no podemos pensar, ni realizar una transición remedial del papel a la pantalla, y terminamos invariablemente enredados siempre en discusiones estériles, simplistas y básicamente reduccionistas.

También este proceso es el principal responsable de haber liquidado definitivamente al carácter revulsivo de la oralidad habiends sancioando al mundo analìtico como al privilegio supremo de la razòn y la argumentación.