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La clase media no se va al paraíso

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La dificultad para leer la historia argentina reciente es que haciéndolo todos los que tenemos 50 años o mas hemos padecido -y/o coprotagonizado esa época- y por ello difícilmente encontremos novedad en las crónicas que -para quienes gozamos todavía de buena memoria- se corresponden casi homeomorficamente con nuestros recuerdos calendarios.

Ello no quiere decir que no se puedan encontrar narrativas llamativas o novedosas. Fue el caso por ejemplo del desacartonado y simpático racconto de Ernesto Goldar Buenos Aires, vida cotidiana en la década del 50


Lamentablemente cada vez que nos topamos con biografías noveladas, con historias de la vida cotidiana, con síntesis cronológicas, trátese de Argentinos de Lanata, de las consabidas obras de Felix Luna o de Pacho O´Donell, o de la promocionada en estos días Los Mitos de la Historia Argentina de Felipe Pigna o el supuesto best-seller de María Seoane El siglo del Progreso y la Oscuridad (1900-2003) , ninguno nos da alguna clave profunda de porque estamos como estamos, de que hicimos mal, de quienes son/somos los responsables y de como revertir esta historia infatigable de decadencia que algunos sitúan en 1930, otros en 1943 y muchos menos en 1973/6.

Porque mas alla de la novedad o de la fascinacion que uno u otro relato puede causarnos por afinidad, por nostalgia o por empatia, hay algo que queda claro en todas estas obras, que lo venimos sabiendo desde fines de los 70, pero que cada tanto por razones extrañas olvidamos. La decadencia definitiva de la Argentina, ligada a la pauperización de la clase media, y sobretodo al uso de la bomba de tiempo de la deuda externa como mecanismo de entrada final y definitivo en el pensamiento y la acción únicas, comienza inocultablemente con la dictadura militar de Jorge Rafael Videla.

Esa es la principal demostración y enseñanza de la obra La clase media, seducida y abandonada, (Edhasa, 2004) del sociólogo Alberto Minujín y el periodista Eduardo Anguita. En ese sentido es mas que elocuente el cuadro 1 (pag 30/1) Evolución de la deuda externa argentina 1966-2000 adonde vemos cifras fantásticas.

¿Por ejemplo alguien se acuerda de que en 1966 cuando se robo el sillón de Rivadavia la morsa Ongania la deuda era de «apenas» U$S 3.276 millones y que ese maravilloso estadista la engrosó en un 46% dejándole a Campora el chiste de U$S 4.890 millones? Isabelita siguió en esa senda aumentándola un 58% llevándola a U$S 7800 millones.

El caos absoluto advino con Martinez de Hoz y el resto de los ministros de economía de la dictadura -hasta llegar a la increíble pirueta de Domingo Cavallo que estatizo mas de U$S 20.000 millones de deuda privada- que la multiplicaron en un 364% dejándole a Alfonsin una deuda de U$S 46,200 millones. Los radicales siguieron haciendo desaguisados y en sus casi 6 años de gobierno Alfonsin la engrosó en otro 44% dejándole a Mendez un regalo de U$S 65.300 millones.

Pero Mendez hizo desastre tras desastre y la aumento en otro 123% dejándola en U$S 146.219. En cuanto a De la Rua, Duhalde y cía -entre otras maravillas por la desastrosa devaluación la engrosaron en otros U$S 50.000 millones.

Hasta aquí los números pero las consecuencias que esta deuda desastrosa ha tenido sobre la economía argentina no tiene fin y forma el entramado principal de la valiosa -aunque reiterativa en muchos tramos- obra de Minujin & Anguita.

De lo que no cabe duda es de que lo que para estos autores -y nosotros los seguimos en esto- fue una política deliberada de disciplinamiento y de dependencia definitiva para la Argentina (¿y sino que otra cosa es el arreglo actual para salir del default que nos condena a pagar con un 2.7% del superávit fiscal de aquí a 10 años?) es que quienes nos sumieron en este pozo se hacen los desentendidos.

Anteayer comentábamos la caradurez de de Pablo para seguir hablando como un marciano. Quien hoy lo secunda en esto de «y a mi porque me miran si yo no tengo nada que ver» es otra joyita como José Luis Espert quienes en su columna invitada de La Nación «Las realidades que crea el Gobierno» tiene el tupe de sostener que la realidad es que si bien prestamista y auditor comparten la responsabilidad (uno sabía el riesgo que asumía y el otro por haber realizado mala tarea de control crediticio), no son los responsables primarios, que sí es el Estado Argentino, por haberse endeudado sistemáticamente durante 10 años hasta atragantarse a fines de 2001.

Endeudamiento absurdo gracias a la convertibilidad -defendida a destajo por estos ahora desentendidos- y a la dilapidación de fondos públicos realizada por el mendecismo en ese momento mas que endiosado por estos consultores.

Que no tienen ningún empacho -también lo hace hoy en una larguisima e insípida columna en la misma Nación Alberto Benegas Lynch – insistiendo en que todo lo que vino hasta ahora -independientemente de cuanto lo festejaron o se aprovecharon en su momento los amigos a uktranza d elos pretsamistas- ha sido siempre capitalismo «trucho» nada más que a veces girado hacia la derecha (Carlos Menem) y otras hacia la izquierda (Néstor Kirchner). O como dice Alberto Benegas Lynch que «Menem fue un modelo de antiliberalismo»

Así es muy fácil dar vuelta 20 veces la historia. No, definitivamente esto genios -con la complicidad de políticos y de la incomprensión crónica de la izquierda y de la oposicion- nos han hipotecado por tres generaciones mas. En estas condiciones va a ser muy difícil inventar una nueva Argentina. Pero no nos queda otra, Y hacia allí debemos ir. El como es lo único que nos cabe decidir. No es poco. E la nave va.

Breve selección del libro de Alberto Minujín y el periodista Eduardo Anguita, que esta semana consiguio 4 tupidas paginas en la Revista Noticias.

Publicado enPolítica

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