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Invención, apogeo y ocaso de la silla eléctrica. El truculento marketing de Thomas Edison

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Diciéndole no a los castigos crueles y desusados

La sensibilidad periodística a veces se siente auténticamente afectada y lleva a publicar notas acerca de hechos que se consideran históricos y/o memorables o se inventan como tales gracias precisamente a la misma intervención periodística recursiva. A saber en este caso el destierro de la pena de muerte por electrocución en USA a raíz de un fallo de la Corte Suprema de Nebraska, que declaró a la silla eléctrica contraria a la dignidad humana y, por lo tanto, anticonstitucional en ese estado. 



Aludiendo a pruebas que demuestran que la electrocución inflige un dolor intenso y un sufrimiento agonizante y como como método de ejecución es un castigo cruel y desusado el tribunal la dio de baja como método de liquidar a criminales. Esto no quiere decir que se haya abolido la pena de muerte, que sigue rigiendo en 36 de 50 estados de USA, pero Nebraska (centro de Estados Unidos) era el único que aún usaba solamente el método de electrocución. Ahora se consolidaran métodos mas civilizados de terminar con los reos como la inyección letal.

Como ha pasado con tantas tecnologías, la silla eléctrica será «relegada a los museos», dijo al The New York Times el director de la ONG Centro de Información de la Pena de Muerte (CIMP) en Estados Unidos, Richard C. Dieter. La CIMP estima que, desde 1976, cuando Estados Unidos restableció la pena de muerte, 1099 personas fueron ejecutadas, 154 mediante la electrocución, tres de ellos en Nebraska; el último, en 1997. Pero la más reciente utilización de la silla eléctrica en Estados Unidos sucedió en Tennessee, en septiembre del año pasado. Daryl Holton, que confesó el asesinato de cuatro niños en 1997, prefirió la silla a la inyección, más utilizada en el estado.

Ya que no veremos mas -salvo en el cine- esos temblores y convulsiones, ni los ocasionales achicharramientos de cabezas que en al menos 10 ocasiones en USA se tradujeron en gente que literalmente se prendió fuego -a distancia infinita de la autocombustión- es esta una buena ocasión para recordar los orígenes de la silla eléctrica y en un rápido pantallazo imaginárnosla como lo hemos hecho con otros dispositivos, generalmente en el campo de la comunicación, y la silla eléctrica participa de esto en forma indirecta, como teoría incorporada.

Los primeros achicharrados

William Kemmler, un alcohólico de 30 años en 1890 había hachado literalmente a su novia un año antes. Su celebridad no le devino del crimen contra una mujer que los hombre siguen practicando con eficacia y muchas veces impunidad en estos días, como se ha visto repetidas veces los últimos años en Argentina, sino por tener el dudoso privilegio de estrenar a la silla eléctrica como instrumento para purgar sus crímenes.

La primera ejecución en silla eléctrica de la historia tuvo lugar en la Penitenciaria Auburn de Nueva York. Gracias a la flamante ley de Ejecución Eléctrica Kemmler adquirió el dudoso privilegio de sortear la horca para en cambio terminar sus días atravesado por una corriente de electricidad de suficiente intensidad como para destruir la vida en forma instantánea

Inesperadamente y para nuestro desconocimiento y de allí el valor historiográfico del libro que citamos al final, el gran inventor norteamericano Thomas Edison intervino en el diseño de la silla eléctrica buscando desacreditar a su rival George Westinghouse quien abogaba por un dispositivo basado en la corriente alterna, mientras que Edison era un defensor acérrimo de la corriente continua.

Thomas Edison un latouriano avant la lettre

Esgrimiendo que la corriente alterna era sumamente peligrosa (y que su estándar para electrificar USA a través de la corriente continúa era justamente el contrario) Edison dejo totalmente de lado su apasionada cuestionamiento personal en contra de la pena de muerte fomentandola curiosamente buscando asociar la silla al uso de la corriente alterna.

Contrariando los datos y la evidencia (que se puede construir tan a medida) en un tour de force latouriano recomendó justamente el uso de la tecnología de Westinghouse en la silla eléctrica a modo de desacreditar el estándar de la corriente alterna, asociandola a usos ruines y malignos y en definitiva letales.

La idea era clara y demoniaca. Desacreditando un sistema de distribución de energía muy superior al suyo Edison no tuvo empacho en imaginar a la CA como el modo ideal para ejecutar a los criminales. El aserto se complemento con el diseño de nefastos experimentos en animales que demostrarían supuestamente que la corriente continua era mucho mas segura, y por lo tanto menos útil en el diseño de la silla eléctrica.

La corriente continua no era peligrosa insistía Edison mientras que la alterna era la corriente que mataba. Como aun no se había acuñado la palabra electrocutar Edison, convertido en un ingeniero del lenguaje, propuso que se la denominara westeinghousizacion de los condenados.

Venganzas cruzadas

La historia testimonia que esta campaña de vilipendio hizo poco y nada para ganarle la lucha a Westinghouse, pero como efecto colateral ayudo si en cambio a la instucionalizacion de la silla eléctrica y a su bendición científica, que vivió una larga vida de mas de 1 siglo hasta apagarse estas ultimas semanas en Nebraska

Para volver el panorama aun mas turbio Westinghouse que iba viendo amenzada su credibilidad al ver unidos los sintagmas, asesinato estatal consentido con corriente alterna, escribió las apelaciones de William Kemmler el condenado a muerte, cuestionando la constitucionalidad de la electrocucion, aunque nadie dudaba de la culpabilidad del reo.

Referencias

Richard Moran Executioner’s Current: Thomas Edison, George Westinghouse, and the Invention of the Electric Chair.

Breve semblanza histórica de la lucha entre Edison y Westinghouse

27 modelos de sillas eléctricas

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