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¿Qué o cómo enseñar con el Covid-19 como accidente de fondo?


Biologist and author Merlin Sheldrake is using a particularly self-referential marketing strategy for his new book Entangled Life. In a recent Instagram post, Sheldrake announced the mycelium-based project’s release with an image of the text literally bursting with fungi. “Here it is being devoured by Pleurotus, or oyster mushrooms. Pleurotus can digest many things, from crude oil to used cigarette butts, and is also delicious. Now Pleurotus has eaten Entangled Life, I can eat the Pleurotus, and so eat my words,” he writes. (Gracias Julito Alonso por la sugerencia)

Aunque nuestro metier está bastante alineado con la educación, o mejor con la contra-educación, durante estos 60 días de cuarentena hemos escrito poco y nada, y especialmente nada de nada en materia tecnoeducativa. En parte porque estamos hartos del simulacro de normalidad que implicó el pasaje militar a la virtualidad. En parte porque vemos que sesgos de todo tipo están incapacitando imaginar otros futuros (y empezar a construirlos). En parte porque ahora se está endiosando la presencialidad de las escuelas y las universidades, como si fueron lugares de aprendizaje señeros. Hace rato que eso no sucede, salvo en casos excepcionales. En vez de aprovechar la pandemia para teñir con esa excepcionalidad (para nosotros la red de Colegios Montserrat y la Universidad Minerva y Team Labs serian excelentes ejemplos a seguir), caimos nuevamente en la tentación de endiosar el pasado, y a escaparle como a la peste a un futuro sin sorpresas. Así las cosas imaginar operativamente como podríamos hacer las cosas distinto (como mucha gente lo hacía antes de la pandemia y otra lo volverá a hacer después) es indispensable. Lástima que en el medio casi todos miran para otro la

1. El COVID-19 es el ACCIDENTE fatal (Virilio) más extraordinario de nuestra historia vital. No hay ningún parangón a catástrofe semejante (caída de la bolsa de Nueva York en 1929; Segunda Guerra Mundial (1939-1945); Crisis del petróleo de 1973; Guerras varias en el siglo XX; Chernobyl, 1985; Caída de las torres gemelas (2001); Crisis económica (2008)) que se le asemeje. Hubo pandemias globales mucho más mortales que ésta a lo largo de los siglos, pero ninguna fue vivida en tiempo real, atizada minuto a minuto por las redes sociales, las fake news y la guerra simbólica, como está sucediendo con el COVID-19.

2. A casi dos meses de vivir en cuarentena , estamos metidos dentro del torbellino de la pandemia y las informaciones (médicas o pseudo-médicas) que en todas sus dimensiones varían diariamente: causalidad, letalidad, estado de propagación, viabilidad de la vacuna; relaciones entre medidas de contención y aplacamiento, y la tensión mas importante de todas, la que opone -simplistamente- el salvataje de la salud al salvataje de la de economía y viceversa.

.3 Demasiado acostumbrados a la libertad de poder expresarnos livianamente sobre cualquier tema (parte de la infoxicación que constituye el DNA de la sociedad de la (des)-información y la inacción actual), los parloteadores han producido en tiempo récord montañas de artículos, notas, posts, compilaciones y libros, desconociendo en el 99% de los casos la novedad radical que supone un virus de alcance mundial, pasteurizándolo bajo enfoques y miradas pre-existentes. El COVID-19 no es un objeto a entender y eventualmente a de-construir y neutralizar (volviendo fácilmente al viejo normal), sino mas bien un test de Rorschach que pone a prueba nuestros miedos y convicciones, nuestras deudas y nuestras expectativas.

.4 La fantasía de volver a una nueva/vieja normalidad antes temprano que tarde (testimoniado en el absurdo de compañías aéreas que intentaron vender pasajes internacionales para Mayo y Junio) se vive a diario. Lo mismo ocurre en la educación donde abundan dos actitudes. Los ministerios que acudieron -desesperados por revivir el viejo normal- a una virtualización de emergencia. Las tecnológicas y las empresas digitales de todo tipo de nichos, que imaginaron una virtualización un poco mas sofisticada para seguir haciendo más de lo mismo. con Zoom a la cabeza, que pasó en pocos meses de tener de 10 a 300 millones de usuarios.

5. No tenemos la menor idea de cuáles de los infinitos escenarios que pululan en las redes verán finalmente la luz. Si los apocalípticos o los integrados. Si los ecológicos o los escatológicos. Pero algo parece perfilarse con fuerza. Una gran cantidad de prácticas, experiencias, profesiones, negocios, empresas etc., ligadas a: lo masivo, lo presencial, lo aglomerativo, lo colectivo (eso incluye turismo, entretenimiento, gastronomía, viajes, deportes, pero especialmente educación presencial) pueden ser violentamente puestas en cuestión por el virus, al punto de tener que reinventarse de modos muy diferentes a los actuales

6. Correlativamente, mientras el virus aseche, el aislamiento deberá mantenerse y los desplazamientos a distancia (sobretodo en coche o transporte público) se minimizarán. La principal afectada será la ciudad que dejará de ser una megalópolis o un centro urbano masivo, y se transformará en mini-ciudades (en Francia se habla de la ciudad de 15 minutos y en España de la de 10 minutos), -porque todo debe poder ser consumo de cercanía.

7. En estas condiciones -y mas allá de si la transición es solo eso o es el comienzo de una profunda reinvención urbana- urge repensar cómo construir cotidianidad y sociabilidad en el ámbito micro-urbano. El sueño de muchos utopistas (Lewis Mumford, Jane Jacobs, Ivan Illich, Franceso Tonucci) estaría a la vuelta de la esquina. No hay tarea más urgente desde el punto de vista del diseño de esos micro-futuros que la reapropiación -bajo parámetros antagónicos a los actuales- de la ciudad.

8 Así las cosas un programa de @datosuba encargado de estas problemáticas se vuelve muy útil, dado que uno de nuestras objetivos de funcionamiento es precisamente auscultar el pulso del mundo devenido esta vez en “pulso de la ciudad”.

9. Pero como no somos urbanistas, ni planificadores espaciales, ni arquitectos, ni diseñadores ambientales, parecería no haber una especificidad de nuestra lectura/propuesta. Sobretodo porque hemos dedicado muchos cuatrimestres a tratar de cernir la mirada sobre objetos o prácticas digitales, y la ciudad del futuro podría estar en las antípodas de estas cuestiones (aunque no necesariamente, ya que a lo mejor sería un E-city analógico/digital).

10 Es muy probable que la ciudad de proximidad (cambiando la estructura de consumo actual (en vez de privilegiar a los shopping iríamos al almacén de la esquina); revalorice el lugar del hábitat; desestime el consumo superfluo; reconceptualice la existencia de objetos evocativos que codiseñarán nuestro modo de ser en el mundo. O no (las tautología es reina en este mar de incertidumbre)

11 Atendiendo además a la necesaria imbricación de teorías de largo, mediano y cercano alcance para poder cernir nuestro objeto, debemos buscar una forma de integrar esas visiones bajo lecturas convergentes/divergentes, y como lo hemos hecho a lo largo de estos 25 años, imaginar una forma de “bajar” estas consideraciones a prácticas y diseños concretos y alcanzables de los alumnos.

12 Podemos partir de alguno objetos digitales puntuales muy imbricados con el nuevo escenario “diseñado” por el virus;

a) App CuidAR: y la solicitud de los expertos que piden cambios y más control sobre el destino de los datos por su avance contra el sistema democrático
b) Ciudades de 10/15 minutos
c) Objetos encantados como Face masks light up when sensors detect coronavirus in saliva
d) Modelos de propagación de viruses
e) Nuevos formatos de tele-entretenimiento (e-sports; watch-parties; zoombombing)

13 Estos ejemplos muestran la grieta que existe entre implementaciones que deberían ayudar a cuidarnos y sus usos ideológicos, y cómo todo solucionismo tecnológico siempre está sobredeterminado politicamente.

14 Asi las cosas la idea del programa de estudios no es obsesionarnos con el coronavirus -que ha devenido un gran narcotizante- sino utilizarlo nosotros también como Test de Rorschach de expectativas y decepciones, de esperanzas y de renunciamientos. Porque el coronavirus aparece simultáneamente (depende de los ojos con los que lo miremos) como crítica radical del capitalismo y como su culminación y la entronización a un nuevo nivel (en la realidad a diferencia de los videojuegos no hay nivel superior definitivo a alcanzar).

15 Paradójicamente durante muchos años criticamos acerbamente al capitalismo de plataformas , cuando ahora la única forma de poder seguir conviviendo -al estar confinados- es usando intensivamente esas herramientas que hasta hace poco deplorábamos. Que nos llevaban hacia un futuro sin sorpresas corporativo. Y que generó desigualdades digitales superpuestas a las analógicas, aún peores que las anteriores. Y ahora simplistamente creemos poder hackearlas para usos mas benignos.

16 Hasta hace poco deplorábamos que la política y el estado hubieran sido subsumidos dentro de las estrategias comerciales de empresas multinacionales infinitamente mas poderosas que los Estados. Nos lamentábamos de la disolución de la política a manos de la economía, del sometimiento del pensamiento a la ingeniería y al gran capital.

17 Ahora livianamente enrocamos de bando endiosando al Estado que ha actuado erráticamente (salvo excepciones), y que suma incapacidad operativa y se desliza por el peligroso barranco de la conculcación de las libertades, erosionando la división de poderes que, insuficiente como es, buscaba generar checks & balances. Es lo que hay, claro, si hasta a los mas ortodoxos economistas no les tiembla el pulso pidiendo emisión a mansalva. Aquí igual habrá que recorrer los laberintos que nos abre Mariana Mazzucato mostrando el intrincado tejido que trenza lo público con lo privado -hasta en materia de innovación.

i18 A la brevedad propondremos un programa tentativo de @datosuba2020 donde se articulan algunas de estas preocupaciones, y generaremos un borrador de cursada con un dato final no menos contundente. Como la educación fue la primera en caer bajo cuarentena y será la última en salir, es muy poco probable siquiera que haya un segundo cuatrimestre presencial en las Universidades. Si esto es así son mayores las ingredientes para (im)-pensar este momento, no como un transición con retorno hacia el viejo normal, sino como un despegue hacia un futuro tecno-educativo muy distinto al que estábamos acostumbrados. Mediando un cuestionamiento radical de las instituciones educativas preexistentes, y a la búsqueda de nuevos modelos muy embrionarios aún, pero a años luz del cocoliche tecno-educativo que estamos habitando en este período de transición.

Referencias para no tirar la toalla

Freire, Juan Redefiniendo el futuro de la educación global de negocios en un mundo post-COVID-19

Naim, Moises ¿Cuál es la mayor estafa del mundo? La educación

OCDE Aprender para hacer realidad la promesa de la educación. Informe sobre el desarrollo mundial 2018.

Pansophia (Grupo) Once tesis urgentes para una pedagogía del contra-aislamiento

Preiss, David 10 Principios Pedagógicos

Rivera Alvarado, Miguel El fin de la escuela

Schleicher, Andreas “Los docentes deberán cambiar su forma de enseñar en septiembre

Watters, Audrey Vigilar y educar (traducción Julio Alonso)

Publicado enAnti-FilosofiaCátedra DatosCiberculturasColegio MontserratDiseñoEscenarios UDESAIAInteligencia ColectivaInterfacesIrreduccionismoMemeticaMetodologíaPolialfabetismos

Un comentario

  1. Susana Ochetto Susana Ochetto

    Muy interesante análisis.
    Invita a pensar, repensar, resignificar , un mundo que hoy no podemos visualizar desde lo posible y tangible.
    Gracias.

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