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Día: 23 julio, 2006

El fracaso de la oficina sin paredes de Jay Chiat

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Los seres humanos estamos atravesados por el tiempo y somos incrustados en el espacio.

Todos somos herederos de nuestras lecturas de las épocas mozas. Para algunos fueron las novelas o las historias, para otros aventuras o crónicas científicas. Para quienes jugamos en una época a ser filósofos esas lecturas fundadoras estuvieron de la mano de los clásicos desde Aristóteles a Heidegger. Y entre los nombres propios con mucha resonancia siempre figura, obligadamente, nuestro amigo intelectual Immanuel Kant.

Aunque nunca me puse de acuerdo conmigo mismo para saber si la obra cumbre de Kant, la siempre comentada «Critica de la Razón Pura», es una novela, o un ensayo, un tratado o un delirio, cualquiera que la haya merodeado estará mas que al tanto de las preocupaciones del profesor Kant acerca de los fundamentos del conocimiento humano. Y recordará sin demasiado esfuerzo que una de las tesis centrales de la obra era la idea del tiempo y el espacio como formas puras de la sensibilidad.